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Opinión

Tras la igualdad y calidad educativa

Alejandro Mege Valdebenito


 Por La Tribuna

09-05-2016_18-44-45alejandromege-1

El Informe de Unicef “Más igualdad para los niños”, con información reunida entre los años 2007 a 2014 en 41 países de la OCDE y de la Unión Europea, determinó  que el 25% de los alumnos de 15 años no puede resolver ejercicios básicos de lectura, matemática y ciencias (Chile, México, Bulgaria y Rumania entre ellos) y que la desigualdad entre los más pequeños se ha visto incrementada, comprobando que en algunos de estos países los menores más desfavorecidos sufren un retraso educativo igual a 3 años de escolarización en lectura en relación con el “niño promedio”. Incluso países como Finlandia y Suecia, considerados los mejores sistemas educativos del mundo, han aumentado las desigualdades y disminuidos los niveles de éxito.

Frente a este panorama, sumado a que nuestro país, según este mismo Informe, es el segundo con el mayor porcentaje de pobreza infantil entre los países estudiados, nadie debería quedar indiferente frente a esta realidad educativa y si bien el gobierno dio inicio a un ambicioso plan de mejoramiento a través de la Superintendencia de Educación y la Agencia de Aseguramiento de la Calidad de la Educación no parece posible asegurar su éxito si no existe una alineación de las políticas públicas y de las acciones concretas en todo el sistema educativo, desde el Ministerio del ramo hasta la sala de clases. Si los objetivos definidos por el sistema nacional de educación no son también los mismos que a la escuela le es posible alcanzar – no sólo en teoría y en elaboradas planificaciones, incluso “clase a clase” y pulcros informes que disfrazan la realidad y justifican los resultados- y cuyos rendimientos las evaluaciones estandarizadas dejan al descubierto de manera permanente, los alumnos más carenciados seguirán soñando en el mejor futuro que la sociedad y los gobiernos le ofrecen a través de la educación.

En nuestro sistema educativo han existido distintos planes destinados a mejorar los rendimientos escolares, entre ellos, un programa completo como el P-900, iniciado al asumir el presidente Aylwin, como una estrategia de apoyo técnico y material con el objeto de mejorar la calidad de los aprendizajes de los alumnos de las escuela básicas –  luego  ampliado al nivel secundario- y que consideraba desde el desarrollo profesional docente, el fortalecimiento de la gestión educativa, hasta la atención especial a niños en situación de riesgo escolar, si bien tuvo algunos avances en matemática y lectura, éstos no se sostuvieron en el tiempo al no ser asumido con propiedad y convencimiento por los actores del sistema.

El Plan lanzado por el Ministerio de Educación resultará efectivo en la medida que haya sintonía entre los objetivos propuestos, las condiciones necesarias para desarrollarlo y la  aceptación y compromiso de la comunidad escolar.

Alejandro Mege Valdebenito

    

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