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Opinión

El bálsamo del duelo

Max Colodro Escuela de Periodismo UAI


 Por La Tribuna

25-04-2016_21-21-52max-colodrobaja

 

Algo de ese país afloró la semana pasada en que fuimos convocados por el duelo a mirarnos en el espejo, un ejercicio que hizo aparecer el deseo colectivo de celebrar una vida más allá de las legítimas diferencias que se hayan tenido con ella.

Parafraseando al poeta, a veces es sólo ante la inminencia del abismo que puede vislumbrarse un destello de esperanza, una fuerza ignota capaz de provocar aunque sea una tímida inflexión. En efecto, algo de eso salió a la superficie con el fallecimiento del ex Presidente Aylwin; algo como un velo que se corre dejando ver un Chile casi olvidado, con signos sorprendentes de unidad y respeto a una trayectoria de vida.

El recogimiento que acompañó estos días la figura del ex mandatario, el aire de solemnidad republicana que recorrió los homenajes, volvió a mostrar un país donde al parecer todos tienen cabida; donde se puede escuchar los discursos de sus ex presidentes y sentir sincero orgullo; en que la política y lo público no se ven cubiertos sólo por el manto del escándalo y donde lo que se observa en las calles no es únicamente rabia, resentimiento y desconfianza de unos con otros.

Algo de ese país afloró la semana pasada en que fuimos convocados por el duelo a mirarnos en el espejo, un ejercicio que hizo aparecer el deseo colectivo de celebrar una vida más allá de las legítimas diferencias que se hayan tenido con ella. La historia y la obra de Patricio Aylwin, su capacidad de reconocer errores, de pedir perdón al país en el fondo por sí mismo, de enfrentar su destino con austeridad y saber retirarse a tiempo, ha removido sensaciones que sin duda contribuyen a instalar nuevas perspectivas, en el desafío de encarar las dificultades que hoy nublan el horizonte.

Más allá del juicio sereno sobre su trayectoria efectiva, ese que sólo el tiempo irá haciendo posible, su despedida pública consiguió sacar al país de un clima enrarecido, dejar a un lado las tensiones y conflictos que lo aquejan. Aunque fuera por un instante, un sector significativo de chilenos pudo compartir un legado humano y político sin poner en primer plano las querellas indelebles en que esa vida estuvo envuelta.

No es mucho, pero sin duda ayuda en momentos en que la desconfianza parece ser la única forma en que los chilenos -sobre todo sus autoridades- logran relacionarse, cuando los escándalos y los engaños son el pan nuestro de cada día. Este duelo nacional ha sido al menos un bálsamo de contrastes entre un presente cargado de divisiones y una historia que, con todos sus entuertos, fue capaz en estos días de mostrar un trasfondo común.

Nada como para ilusionarse y nada como para confiar en que ha aparecido un destello de luz al final del túnel. No obstante, algo de ese ‘trasfondo común’ que el deceso del ex Presidente Aylwin hizo visible puede ser clave para empezar a construir el escenario de una convivencia distinta. Débil quizás, sin duda todavía improbable, pero no por eso menos necesaria y urgente.

Max Colodro

Escuela de Periodismo

UAI

 

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