sábado 21 de septiembre, 2019

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Opinión

Una reforma más

Alejandro Mege


 Por LESLIA JORQUERA

23-11-2015_21-10-52alejandromege

Las reformas en educación no han sido pocas en los últimos 50 años y en sus resultados, habiendo alcanzado una cobertura casi universal, la calidad ha sido su talón de Aquiles.

 El objetivo de toda reforma es la de modificar o cambiar lo que no está funcionando bien y siendo la razón de la reforma educacional que se discute en el Congreso mejorar la calidad educativa, la crítica que se hace al proyecto de ley –entre ellos de varios expertos y premios nacionales de educación – es no enfrentar, ni entregar líneas claras para resolver la cuestionada “calidad educativa”. Si bien la reforma  constituye  un desafío que no se puede soslayar ni aún a regañadientes de partidarios y opositores si se quiere enfrentar el futuro como sociedad de manera seria y responsable, que entrega la mayor cantidad de recursos públicos disponibles –aún cuestionado en su distribución y alcance- junto a un marco regulatorio, alcanzar calidad de educación resulta ser una materia compleja que no es posible lograr con sólo la promulgación de reformas más o menos acertadas si no hay una alineación de todas las variables que la condicionan. Las reformas en educación no han sido pocas en los últimos 50 años y en sus resultados, habiendo alcanzado una cobertura casi universal, la calidad ha sido su talón de Aquiles, porque dicha calidad nunca ha sido resuelta por el solo imperio de la ley, ni de los consiguientes decretos y resoluciones que la reglamentan y la ponen en marcha puesto que, y la experiencia es recalcitrante, cuando lo dispuesto no logra romper las barreras que le impiden formar parte de las actividades educacionales y convencer a los actores del proceso educativo que alcanzar calidad no sólo es posible sino que es necesario hacerlo, los resultados, incluso con premios y sanciones, no han cambiado de manera aceptable la calidad del sistema escolar. El cambio hacia la calidad de manera   estable se construye de forma continua y laboriosa en los espacios educativos con el aporte de la familia y el respaldo de una sociedad que se identifica y se compromete con un proyecto común, buscando puntos de encuentro en la legítima diversidad cuando el llamado bien común deja de ser un eslogan y ello pasa por un consenso mínimo en torno a la formación docente, el perfeccionamiento del profesor, la evaluación de su desempeño con opinión de la propia comunidad educativa, el pensar la educación mediante el análisis crítico de la reforma en cada centro educativo, mayor autoridad del profesor para orientar y controlar la clase para hacer lo que se debe y no lo que se quiera, asignación equilibrada de recursos para atender las necesidades priorizadas por la comunidad escolar (que no sobre en una área y falte en otra), una administración y una organización técnica facilitadora y no burocrática y, junto a ello, mejores condiciones salariales y laborales del docente.

Que no sea ésta una reforma sin calidad.

Alejandro Mege

 

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