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Opinión

Hitler: el error y el mal

Juan Secano Rere, Gaucho de La Patagonia radicado en Los Ángeles Twitter: @SecanoJuan juansecanorere@gmail.com


 Por La Tribuna

Juan-Secano

Algunos lectores me han sugerido que no hable tanto de Dios, ni de los santos, ni del bien ni de la felicidad. Hoy les daré en el gusto y hablaré derechamente del mal. Pol Pot, Mao Zedong, Stalin, Osama Bin Laden, Nerón, Iván el Terrible, Al Capone, Francisco Pizarro, Saddam Hussein y Hitler son considerados los 10 hombres más malos de la historia de la humanidad. El próximo viernes se cumplen 70 años de aquella tarde en que Adolf Hitler se disparó en su bunker junto a su mujer.

“Cuando abrí la puerta de su habitación, me encontré con una escena que nunca olvidaré: a la izquierda del sofá estaba Hitler, sentado y muerto. A su lado, también muerta, Eva Braun. En la sien derecha de Hitler se podía observar una herida del tamaño de una pequeña moneda y sobre su mejilla corrían dos hilos de sangre”. Son palabras de Heinz Linge, uno de sus edecanes más fieles y el primero en entrar al bunker privado.

Pero ¿qué pasó en algún momento de sus vidas por las cabezas de estos hombres, para que llegaran a ser tan malos? Pasaron 2 cosas: la primera, todos estos hombres, por diferentes razones, se criaron en hogares con padres ausentes. La segunda, al no tener una familia bien constituida y bien sobrada de cariño (tiempo) de al menos padre o madre, crecieron sin tener una noción clara del bien y del mal en la etapa más crítica de la formación de una persona: los primeros 15 años de vida.  Es en esta etapa cuando o se forma un Alberto Hurtado (AH) o se forma un Adolfo Hitler (AH). O se forma una persona sana o se forma una bestia. El camino del mal es clarísimo. Todo comienza en el error. El error no aclarado o no corregido, hasta en la tontera más mínima, nos lleva directo y sin desvío al mal.

El mal es consecuencia del error. Por eso es tan importante rectificar y aclarar siempre las cosas desde el primer momento y nunca continuar, al menos conceptualmente, sobre la base de un error. Lo peor es evadir, arrancar, “echarle para adelante” cuando hay cosas pendientes que examinar con la lupa de la ética: lo bueno o lo malo. Por eso es tan importante la filosofía y la metafísica. Un error pequeño al principio nos lleva a un error grande después y eventualmente, como en el caso de Hitler, a un mal mundial. El bien debe ganarle al mal. Como dijo una vez Facundo Cabral, “el bien y el mal viven dentro de ti, alimenta más al bien para que sea el vencedor cada vez que tengan que enfrentarse”.

Una de las principales causas de lo que está ocurriendo hoy en nuestro país es la destrucción de la familia, cuyo pilar fundamental es el matrimonio entre un hombre y una mujer. Es en la familia bien constituida donde se inculcan a los niños los valores morales.

Recientes encuestas muestran que más del 70% de los niños que nacen en nuestro país lo hacen fuera del matrimonio y son los abuelos, muchas veces, los que están sacando la cara.

El futuro se ve al menos preocupante. Por eso es que debemos más que nunca estar cerca de nuestros niños, ya sean hijos o nietos. Por eso es que, en lo personal, trato de no pasar el Puente Duqueco por el sur y no pasar el Hualqui por el norte, si no es con la Renoleta cargada junto a mi mujer y mis cinco niños. Por eso, como dice Franco de Vita, “no basta, que de afecto tú le has dado bien poco, todo por culpa del maldito trabajo y del tiempo. No basta, porque cuando quiso hablar de un problema tú le dijiste ‘niño será mañana, es muy tarde, estoy cansado’. No basta comprarle todo lo que quiso comprarse, el auto nuevo antes de graduarse, que viviera lo que tú no has vivido. No basta con creerse un padre excelente porque eso te dice la gente, a tus hijos nunca les falta nada”.

El bien y el mal existen. Debemos estar atentos al tiempo que le dedicamos a nuestras familias. Ahí está el “cocimiento” del bien o del mal. Ahí se juega el futuro de la humanidad.

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