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Opinión

La ética y la política

Luis Barceló Amado Gobernador Provincia de Bío Bío Ministerio del Interior


 Por La Tribuna

Barceló-Amado

La cuestionada relación dinero-política ha puesto en tela de juicio por parte de la comunidad el actuar de la casi totalidad de quienes ostentar cargos de representación popular o han sido designados por el poder ejecutivo para ejercer cargos de dirección política,  y ha contribuido a  poner en duda una de las principales tareas del gobierno, como es la lucha contra la desigualdad en nuestro Chile.

Así es como toda  la información expuesta por la prensa en estos días nos invita a volver a releer a los clásicos sobre los fundamentos filosóficos de la Política en su directa relación con la Ética y la Moral.

En la red social, cada uno de nosotros es como un nudo que existe en la medida que existen los demás. Reconocer esto; es decir, admitir que nuestra pretendida individualidad es sólo un  eslabón en  el tejido de las relaciones sociales; aceptar que el quehacer de nuestras vidas está  condicionado al quehacer de los demás es poner en la ciudad, en la nación toda,  el fundamento de la justicia. El individualista in extremis que pretende crecer a costas de los demás termina, paradójicamente, destruyéndose él y toda su casa.

El filósofo clásico griego supone en su análisis de la moral la misma realidad que sigue vigente para nosotros: que un hombre necesita de los demás hombres para vivir como hombre. Supone que el hombre es un animal político y a partir de esta norma natural deduce cuáles son las acciones ya buenas,   ya malas, ya correctas ya incorrectas, ya perfectas e imperfectas.

Nuestra indagación, dice Aristóteles refiriéndose a su Ética, está incluída en la Política, y el político es aquel que conduce las acciones hacia la mantención y progreso de la ciudad,  que es el lugar en donde el hombre puede alcanzar su plenitud.

¿Quieres, Critón, gozar de la amistad, quieres realizar acciones bellas, quieres tener lo que hace amable a la existencia?, ¿Sí?. Entonces, busca a la ciudad y consérvala, porque sólo en la ciudad, sólo en convivencia, podemos ser plenamente hombres.  De aquí la importancia ética de la ciudad y de aquí la importancia de la Política para la Ética.

Platón insiste en más de un lugar de La República que cuando la ciudad no es una sino dos no hay ciudad; se confundirán dos en una y ambas enemigas entre sí: la ciudad de los pobres y la ciudad de los ricos que conviven en el mismo lugar, pero mutuamente  llenas de desconfianza.

Aristóteles habla como un estadista que intenta conducir a su pueblo hacia una vida buena.

Retengamos de él, sin embargo, que “las transacciones justas mantienen a la ciudad”.

Retengamos que “es injusto el transgresor de la ley, y el codicioso y el que no es equitativo; luego es evidente que será justo el hombre que se conforma a la ley y el hombre equitativo”.

La equidad se opone a la letra de la ley, e incluso a la ausencia de ley para el caso concreto, sin perjuicio de llenar esa laguna cuando se produce.

Las reflexiones de los clásicos, en momentos complejos, nos ayudan a comprender desde tiempos antiguos por qué el Presidente Aylwin nos inculcaba el “crecer con equidad”. Y el por qué la Presidenta Bachelet ha instruido una y otra vez a la autoridades por ella designadas, y a todos los servidores públicos, a trabajar sin descanso por disminuir cualitativamente las  desigualdades de acceso a los bienes y derechos sociales en nuestra Patria. Y para que esto cambie, la Politíca se debe hacer con la transparencia y la lealtad que el pueblo requiere, para recobrar su confianza y guiarlo hacia una mejor sociedad.

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