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Opinión

¿Y los líderes…?

Mario Ríos Santander, ex senador de la República


 Por La Tribuna

MARIORIOS

“¿Qué quieren? –escribían Tironi y Bitar, otrora de la academia de la Concertación– ¿quieren un militar?”.

Es que en las marchas de Brasil, que han provocado el mayor descalabro en el gobierno de Dilma Rousseff, un lienzo que cubría toda la calzada llamaba a los militares para que ordenaran el país. Se daba la paradoja que el llamado de los setenta era por el peligro externo y ahora, al revés, es por el peligro interno. ¿Por qué se les ocurrió a Tironi y Bitar recordar el pronunciamiento militar?

Vale la pena realizar ciertas reflexiones.

En algunas columnas anteriores hemos señalado que los pueblos, especialmente los latinos, nunca han triunfado. Los pueblos latinos más bien han sido, según el enfoque marxista, simples masas humanas que se deben alentar en caminos previamente dispuestos por la dirigencia política. Y algo de razón tienen. Al pueblo hay que escucharlo, pero no preguntarle, resultaba ser una verdad difícil de contradecir. Distinto eran aquellos pueblos que, por su responsabilidad social, eran dignos de ser admitidos a las razones del estado gobernante.

Y si lo anterior es verdad, ¿cuál es la razón de que sea así?.

En el estudio antropológico de la sociedad latina sobresale el líder como único y final determinación popular. Cuando el líder ha desaparecido, la sociedad latina comienza a convulsionarse en tal forma que termina deambulando entre la razón y el temor. Y ese es el peor de los mundos. Por ello, comienza la búsqueda de alguien que los guíe, que les indique el camino por el cual transitar. Para algunos, esto es parte de la historia reflejada, por ejemplo, en la formación institucional de los estados latinoamericanos. Es así que habiendo sido organizados en torno a dos autoridades mayores, plenas y absolutas, el rey en Madrid y el Santo Padre en Roma, todo lo demás eran simples estructuras administrativas. Por ello es que, al revés de EE.UU., en que fueron familias las que conquistaron esa tierra, aquí fueron militares y sacerdotes. Es decir, desde que el Estado latinoamericano comenzó a delinear su personalidad, su existencia, sólo serían líderes quienes lo construyeran y las plazas de ciudades y pueblos se llenarían de estatuas recordatorias de tales eminencias, mientras en la formación de estados sajones el resplandor histórico se radicaría en el “carromato” firme y sólido, dibujado en el agreste paisaje de llanos y bosques de esa América del norte.

Así se comprende más a Chile. Sus líderes han ido desapareciendo, se esfuman en la mediocridad ambiente. Valores como Patria desaparecen y la familia, fortaleza de la historia humana, es motivo de sorna y desprecio. Entonces, Tironi y Bitar se ponen nerviosos. Y más les complica su visión al comprobar que en esta América, si bien termina la década socialista, no se vislumbre con claridad el paso siguiente, entonces se les viene a la mente los militares y levantan su voz advirtiendo este peligro. ¿Entonces es mejor volver a la Concertación y dejar para otros tiempos a esta Nueva Mayoría que, en una manifestación extrema del liderazgo descrito, nació, creció y comenzó su gobierno en torno a una líder que por estos días se manifiesta agotada y desilusionada? Puede ser. La Concertación, en 20 años de Gobierno logró una presencia colectiva alcanzando tal fortaleza que no sólo logró un buen desarrollo de Chile, sino que también permitió que afloraran diversos líderes, hoy todos desaparecidos, muchos de ellos soportando el asedio de fiscales engolosinados con la fama alcanzada. ¿No será entonces que queremos un fiscal en el Gobierno? Para Tironi y Bitar, pareciera que son más peligrosos que los militares.

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