miércoles 18 de septiembre, 2019

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Opinión

Hacer bien lo que hay que hacer


 Por Cristian Delgadillo Rosales

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El capítulo de la educación está lejos de cerrarse. Las banderas chilenas, en manos de diputados de gobierno, muchos de ellos utilizándola para salir en la prensa, sus gritos y abrazos, las miradas triunfadoras de Eyzaguirre, todo ello, es en definitiva un primer capítulo de una obra inconclusa o, mejor dicho, detenida por la democracia.

En este “prólogo” de la historia, en que quedaron heridos al por mayor, hubo también algunos éxitos que vale la pena destacar. De partida, sostener que el Estado es capaz de dar una buena educación en cualquier lugar de su territorio y por tanto, retirando los títulos de “Luz de la Nación”, “Liceo de Excelencia” u otras denominaciones, es asumir un compromiso que yo al menos, lo recojo en la plenitud de sus formas. Entiendo que para la gran mayoría es simplemente una “volada de Bachelet”, o más bien la máxima expresión de un sueño imposible. No lo discuto, pero quiero creer en que la “nomenklatura criolla” es capaz de hacer bien lo que hay que hacer. ¿O será también otra volada mía…? Tal vez. La historia reciente en educación es una suma de espacios repletos de cosas distintas y una de ellas, son las también distintas municipalidades que serán, a partir de ahora, las que pasarán a sentarse al banquillo de los acusados.

¿Por qué la tan debatida reforma de esta primera página de la educación, dejó para el final a estos actores comunales? ¿Por qué se ensañó con la educación en sociedad Estado-Privados, que a todas luces funciona mejor que la estatal? ¿Se trataba de proteger del foco del debate más intenso a esta otra área en que la educación tiene de aliado a la democracia?

Los autores de “la municipalización” de la educación le entregaron a la comuna una responsabilidad constitucional: “Es deber de la comunidad contribuir al desarrollo y perfeccionamiento de la educación”, expresa el art 19 N° 10 de la carta fundamental. Tal concepción se fundamenta en los tres pilares que la educación contempla: el Aula, lugar principal de cultura y aprendizaje pedagógico; el hogar, valores, principios, y la sociedad, protección del entorno en que el estudiante vive y asimila su cultura. Por tanto, la obligación constitucional, cuya primera obligación es del Concejo Municipal, por ser ellos, los primeros responsables de la estructura social, su asentamiento, formas de expresión, metas y otras que definirán valores sociales del joven, tiene pleno sentido y si a ello se agregan las funciones ejecutivas y de administración de la municipalidad y en estas principalmente las del alcalde, podremos concluir que es verdad  que el debate sobre educación, recién está comenzando.   

Cuando sentaron en la silla de los acusados, a la educación en sociedad Estado-Privado, mal llamada subvencionada, encontraron algunos malos ejemplos, pero en general, se demostró como un área ejecutiva arraigada en la población y más que eso, acogida social y pedagógicamente. Hubo una fuerte resistencia en contra de su eliminación que no desaparecerá, porque la experiencia ha sido buena. Aún más, era la única que se acercaba al cumplimiento con esta obligación constitucional. Lo que viene es un misterio. Es el enfrentamiento con la democracia. Los actores elegidos por el pueblo, asumieron la dirección educacional y parece que fracasaron. Será un largo y penoso debate en que casi todos se lavarán las manos. Algunos estarán felices porque verán ahí el modo de sacar al amigo del alcalde instalado en una dirección que no le corresponde. Habrá otros ejemplos. ¿Cuándo partimos con el debate?

Mario Ríos Santander

Ex Senador de la República

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