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Opinión

¡Y bajó la pobreza!

Mario Ríos Santander Ex senador de la República


 Por La Tribuna

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Y claro que tenía que ser así. Durante 33 años, desde que se pusiera en marcha la Constitución de los 80 impulsada por el régimen militar, el Estado ha venido entregando miles y miles de millones de pesos en subsidios sociales y productivos. Se han construido de esta forma, en este mismo periodo, 3.630.000 nuevas viviendas, a un ritmo de 110.000 anuales, egresaron 7.590.000 jóvenes de la Enseñanza Media subsidiada pública o en sociedad con el fisco, en fin, la lista es larga. La Economía Social de Mercado, nacida en la Alemania pos guerra, inspirada en la “igualdad de oportunidades”, pone en marcha a un Estado que debe reunir tres características esenciales: transparente, eficiente y oportuno. Frente a una sociedad civil que a su vez debe aportar dos elementos básicos: responsabilidad y desarrollo de su imaginación creadora. La suma de ambas instancias permiten ser una sola Nación y no dos estados diferentes, público por un lado y privado por el otro, forma esta última que es propia de los socialismos dada a la gobernancia que ellos controlan.

La esperada encuesta Casen del año 2013, tan esperada, nos dio la razón. Esta economía, hoy injustamente cuestionada por el socialismo reinante, disminuía la pobreza drásticamente. Sin embargo, quedaba más. Veamos.

Alemania, ejemplo permanente en las artes, la ciencia y la cultura, como igualmente de la administración política de sus gobiernos libres, ha ido instalando ciertas referencias, no señaladas en ninguna ley, que grafican sus políticas sociales. Este mundo, en que el automóvil es una revolución en el transporte y que ha permitido incluso a países, Corea, Japón, ahora China y otros, consideren la exportación de automóviles como esencial de su economía, es un buen referente de comparación. Es así que la familia alemana destina de promedio el 5% del valor del bien raíz en que viven, su casa, a la compra de un automóvil. Una casa de 100.000 euros, tendrá un auto de 5.000 euros. ¿Y que ocurre en Chile? Al revés, el automóvil es claramente un bien que supera, incluso en algunos casos, el de la casa. Aunque no hay estudios referidos a este fenómeno, es posible concluir que el promedio nacional, destina para la compra de su vehículo un 33% del valor de su casa. Veamos las villas existentes, otras, poblaciones, en el área agrícola (es mayor). Se desprenden de esta comparación aspectos que como pueblo nos dejan mal parados. Uno de ellos, delicado desde el punto de vista del patrimonio, un altísimo número de hogares chilenos prefiere ser considerado socialmente por el auto que poseen y no por el valor de un hogar limpio, pintado y con césped en su frontis. Por tanto, en Chile, el automóvil no es una manifestación de nivel cultural alcanzado, pero sí lo es del nivel económico logrado y en eso, claramente, nuestra población es más rica o menos pobre. Queda pendiente la contribución de dichos hogares al fondo municipal. La gran mayoría no paga aseo domiciliario ni menos impuestos territoriales. El auto se quedó con todo.

A lo anterior, -y esto sólo lo enunciamos- Chile, producto de su desarrollo espontáneo, tiene miles de trabajadores informales. Se estima que en la 8° Región son 120.000. Ellos administran miles de millones de pesos. Será en el gasto de esos recursos en que el Estado se hará presente cobrando el IVA. Por ello, la transacción comercial de áreas como Los Ángeles es más alta que los niveles económicos y laborales conocidos. En Los Ángeles, el 10% no está cesante, tampoco los niveles de pobreza superan el 28%. Si eso fuese verdadero, la actividad comercial sería inmensamente menor.

Corolario, alegrémonos, tenemos menos pobres y la desigualdad se está superando. Administremos bien esta realidad.

Mario Ríos Santander 

Ex senador de la República     

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