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Jeannette Matus Hermosilla: ¿Imagínate 27 o 28 años atrás una mujer iniciándose con una empresa era una locura?

Desde pequeña ha luchado contra los estigmas sociales que han querido detenerla en su amor por el arte y emprendimiento, teniendo siempre en claro que Dios le ha dado la gracia y sabiduría.


 Por La Tribuna

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María Paz Rivera Arévalo

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Flotan las risas en el aire mientras los colores y diseños penetran las pupilas al entrar en el taller de Jeannette Matus. La sonrisa desborda de su rostro mientras se comunica con sus trabajadoras, dándoles instrucciones de lo que será un nuevo día de trabajo.

 

Lleva cerca de 27 años trabajando en lo que más ama, la confección de cortinajes y diseños, impartiendo a los hogares ese toque colorido y alegre que proviene de las profundidades de su ser.

 

Una mujer valiente, llena de coraje, quien ha derribado paradigmas sociales desde pequeña. Jeannette Matus Hermosilla (55) nació el 7 de marzo de 1964 en la ciudad de Los Ángeles, pero creció en el campo Casas Blancas a 18 kilómetros de la ciudad.

 

Cuando se le pregunta a Jeannette como fue su infancia, ella sonríe recordando incontadas vivencias mientras dice “maravillosa”. Proviene de una familia grande, con seis hermanos, divididos en tres hombres y tres mujeres. Ella es la mayor de las hermanas.

 

“Una infancia maravillosa guiados por mi padre, y madre, que yo siempre digo ellos han sido los pilares en nuestra vida, especialmente en nuestra vida espiritual. Yo pertenezco a la Iglesia Evangélica Pentecostal y me siento orgullosa de decir en cualquier parte que soy una hija de Dios”.

 

Para esta mujer Dios es lo principal en su vida, muy agradecida está de sus padres por haberlos criado preocupándose de sus vidas espirituales, para ellos dice los cuentos infantiles eran historias de la Biblia, integrando a Dios siempre en todos lo que hacían.

 

“Mi padre nos educó mucho en lo que es la parte espiritual, para nosotros los cuentos fueron las historias bíblicas. Las historias de Josué, de Sansón, de Ester, todas las historias que puedes encontrar en la Biblia. Éramos niños a la orilla de un brasero en el campo felices”.

 

EDUCACIÓN

 

Con la finalidad de no alejar a los hijos del hogar y seguir manteniéndolos en un ambiente sano, Jeannette estudió hasta sexto básico en la escuela rural que estaba cercana al campo donde se criaron, la que en ese entonces se llamaba escuela 85.

 

Cuando ya fueron creciendo, sus padres compraron un terreno en Los Ángeles y se trasladaron definitivamente a la ciudad. “Después ya nos vinimos a la ciudad estudié en la escuela Nº 10, después en el Liceo de Niñas que ahora es el A-61”.

 

En relación a las habilidades que tiene Jeannette en cuanto a decoración se refiere, comentó que desde pequeña siempre le fue fácil crear. El arte es algo que tiene en sus manos. Los colores, los diseños y la pasión, la llevaron a estudiar técnico en vestuario en el Instituto Nacional de Capacitaciones (Inacap).

 

Durante todos esos años ella continuaba su relación con Dios, cada día aferrándose más a él. Teniendo en cuenta que quizás la sociedad no entendía su amor por Jesús, ella hace memoria que siempre intentó marcar la diferencia en su entorno, demostrando que sus valores eran diferentes y que ella era feliz con eso.

 

“Siempre era la niñita ejemplo, los profesores decían: apréndanle a señorita Matus que anda correctamente vestida. Lo otro que me marcó es que en esa época era la pintura, los cigarros, y si tu andabas con algo así era castigo. Entonces recuerdo que una vez llegaron a revisar la sala, y la inspectora dijo: a la única que no revisen aquí es a la señorita Matus”.

 

VIDA LABORAL

 

En tanto seguía trabajando en su vida espiritual, crecía como profesional. Ella cree que la iglesia no sólo le ha ayudado en su vida como cristiana, sino que también el hecho de que se trabaja harto con decoraciones y eventos, estimuló su amor por el área, es más recuerda claramente el momento en que decidió dedicarse a este negocio.

 

El 1991 para Jeannette estuvo lleno de sorpresas y decisiones. En primer instancia cuenta que ella activaba con el cuerpo de señoritas en la iglesia, cuando tuvieron un evento, uno de muchos quizás pero para ella fue especial porque ahí tomó la determinación de hacer algo con sus habilidades.

 

“En el 91 teníamos una actividad importante en mi iglesia, entonces ahí siempre haciendo una cosa haciendo otra cosa, nació la idea de hacer algo diferente y esto me apasionó”. Posterior a esta revelación, emprendió viaje en dos proyectos, el primero hacer algo con su pasión, el segundo impartir clases de diseño y vestuario.

 

El primer lugar donde hizo clases, fue en el Hogar Indígena de Santa Bárbara, para después trasladarse a la Academia Arturo Prat de Los Ángeles, dando clases de corte, confección y alta costura. Tenía cerca de 22 años cuando su vida tomó el ritmo ajetreado que mantiene hasta hoy.

 

Cerca de cinco años estuvo trabajando en el taller, que contaba con dos trabajadoras, y haciendo clases en distintas partes. Hasta que un día se sentó a reflexionar y racionalizó en lo que realmente quería dedicarse.

 

“Hice mucho tiempo clases, tres veces en la semana y los otros dos días los dedicaba al pequeño taller que había iniciado. Tenía a una persona, llegaba, cortaba revisaba, volvía a hacer clases. Hasta el momento en que hice un examen de corte y tomé la determinación de ver costos y beneficios. Qué era lo que más me convenía”.

 

Una de las cosas que motivó a esta mujer a iniciar su emprendimiento, fueron las típicas criticas que hace la gente de las modistas. El rasgo característico de que siempre cuando se van a buscar los encargos estos no están listos y las personas tienen que volver a ir días después.

 

“Yo escuchaba a todas las personas que me rodeaban que decían voy a ir donde la modista, ah pero no sé si me va a tener la prueba, iré a buscar tal cosa ah pero no sé si va a estar. Era tan normal que tu ibas y las cosas no estaban, entonces yo dije esta imagen hay que cambiarla”.

 

EMPRENDIMIENTO

 

Jeannette partió su emprendimiento abarcando mucho, ahora que lo piensa, hacía muchas cosas al mismo tiempo. Arreglaba vestidos de novia, de fiesta, hacía basta de pantalones, agendaba citas con sus clientes, al final del día se daba cuenta de que no podía hacer todo. Por lo que en cinco años después de haber comenzado, decidió enfocar sus talleres solamente al cortinaje y diseño de hogares.

 

Cuando se enfocó totalmente a eso, comenzó a crecer. Esta mujer emprendedora, inició su proyecto con un taller y dos ayudantes, hoy cuenta con tres talleres cerca de 25 trabajadores y un reconocimiento total en distintas partes del país.

 

Es necesario destacar la valentía y fortaleza que tiene Jeannette, pues trabajar un emprendimiento no fue fácil. El hecho de pertenecer a una religión y ser activa en una iglesia a veces limita a las personas a poder tomar ciertas decisiones, sobre todo para las mujeres.

 

“El cuento de haber crecido en la iglesia, y que de un momento a otro una mujer empresaria, raro. Con un maestro a darle las instrucciones, ¿con un hombre en la camioneta sola? todos esos estigmas yo he tenido la bendición de ser una de las primeras en romperlos. Y no he dejado de ser fiel, no he dejado de trabajar en la iglesia”.

 

A pesar de que su familia la apoyó, esta mujer siempre tuvo que luchar con los paradigmas sociales, las faltas de oportunidades mismas de la época, la constante lucha con los malos comentarios. Pero no cabe duda de que todas estas cosas, sólo fortalecieron su espíritu.

 

LLEGÓ EL AMOR

 

Mientras la vida laboral y espiritual de Jeannette crecía a pasos agigantados, llegó el amor, sin que ella lo pensara, sin que lo notará su corazón tenía dueño.

 

En 1996 contrajo matrimonio con un hombre el cual conocía desde pequeña, con el que se había criado en la iglesia, y el que le dio la alegría de su vida: sus dos hijos.

 

Su matrimonio quizás no tan funcional como todos, debido a que por motivos de trabajo muchas veces tenían que estar largos periodos separados, fue fundamentado en Dios y fortalecido por el nacimiento de su hijo.

 

“Mi esposo es un hombre maravilloso, él trabajó muchos años en el extranjero. Se desempeñó como mecánico de barco en diferentes partes del mundo. Viajó mucho, lo mandaban a buscar y se iba”.

 

Con un brillo especial en sus ojos, esta mujer: cristiana, empresaria, madre, esposa, y mucho más, agradece a Dios por todo lo que tiene. Por su familia –como dice ella- extraordinaria, por su hija que le ha dado dos nietos, por los logros universitarios de su hijo, pero por sobre todas las cosas agradece a Dios por la unión familiar, y amor que tiene en su vida.

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