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La educación, entre luces y sombras


 Por Alejandro Mege Valdebenito

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“El objetivo de la educación es la virtud y el deseo de convertirse en un buen ciudadano” Platón.


En una entrevista, uno de los candidatos presidenciales, explicando la razón de los cambios introducidos en el programa de un eventual futuro gobierno suyo, expresó: “Puedo cambiar mis palabras, pero no puedo cambiar mi historia”. Y, es esa historia en la que se escarba para encontrar aspectos que pueden resultar acciones cuestionables o reprochables, incluso delictuales, que le hagan perder adhesión ciudadana. Así es la política, donde se busca toda información, verdadera o falsa, que pueda desprestigiar a un candidato y no pocas veces, levantando la alfombra de la vida pasada, entre las luces y sombras que existen en la historia de todo ser humano, encuentren algo que no solo les pueda perjudicar sino que, se estima, predicen cuál sería su comportamiento futuro, aunque su actual discurso sea diferente. Ello, en la creencia que las personas no son capaces de cambiar lo que fue su propia historia y ha sido la historia de muchos la que ha demostrado que las personas pueden ser mejores cuando, sin olvidarlo, dejan en el pasado, iluminando sus propias sombras, a la intolerancia, la discriminación, la violencia, las verdades absolutas, la ira, el rencor, el odio y la venganza. Sin embargo, en el aire queda la duda que si las afirmaciones y promesas presentes no serán doblegadas no solo por sus propias sombras sino que por las sombras del pasado, incluso del presente, de quienes influyen en la ejecución de su proyecto de sociedad el que, si bien promete la búsqueda del bienestar común, éste pueda ser condicionado o desvirtuado en su esencia. Frente a esta duda la ciudadanía no solo debe pedir, sino que exigir consecuencia con la palabra empeñada para tener confianza y comprometerse activamente en todo cuanto constituya un avance en la construcción de una sociedad más humanitaria, equitativa y justa.
Superar y mejorar las sombras y fortalecer las luces de la propia historia, es una de las fortalezas y valores que deben poseer y practicar todas las personas desde su edad más temprana, especialmente quienes llegan a ejercen responsabilidades de Estado y la herramienta más adecuada para lograrlo es la educación la que, necesariamente, debe estar bien definida y ocupar un espacio destacado en la propuesta de la Nueva Constitución donde se debe precisar de manera clara los principios rectores de la educación, así como los deberes del Estado en la orientación de las políticas públicas que cumplan con los propósitos declarados en ellas, garantizando constitucionalmente y de manera efectiva el derecho a la educación de todos, independiente de la condición social y económica, incluso de las capacidades diferentes o especiales, definiendo lo que se entiende como educación pública y privada y el rol que cada una de ellas debe cumplir, debiendo el Estado hacerse cargo de que el derecho a la educación y la libertad de las familias para elegir la educación de sus hijos sea una realidad, levantando las barreras socioeconómicas, raciales o de otra naturaleza que lo impiden. Al mismo tiempo, se debe revisar el impacto negativo que tiene en la formación integral de los estudiantes la permanente aplicación de mediciones estandarizadas que pretenden medir la mal denominada calidad educativa que transforma a la educación en una competencia entre estudiantes y entre escuelas, pero que no forma ni menos considera factores importantes de formación y comportamiento humanos que son los que tanta falta hacen en la sociedad en que vivimos, como lo son la tolerancia, la aceptación del otro en su diferencia, la responsabilidad, la honestidad, la caridad, el compromiso, el sentido del deber y la justicia, el amor por la familia, la patria y la paz, entre otros.
La educación y la esperanza de que nuestras vidas, la de los demás y de la sociedad en su conjunto pueden ser mejores, más justas y solidarias, puede conducir a que las sombras de nuestras vidas sean más tenues o desaparezcan y haya solo luces que es lo que nuestra sociedad espera y necesita que orienten y conduzcan nuestros gobernantes.

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