lee nuestra edición impresa

Noticias

La dura vida de hombre que pide ayuda para costear exámenes médicos

Marco Orellana prácticamente no puede trabajar por sus problemas de salud y ha sobrevivido gracias al IFE y a los retiros de los fondos de pensiones.


 Por Juvenal Rivera

Marco Rebolledo

La vida de Marcos Orellana ha sido muy difícil en este último tiempo. Aunque tiene 45 años, pareciera que fuera mucho mayor.

Es que siendo apenas un adolescente empezó a ganarse el sustento cuando vivía en Curacautín, en plena cordillera andina de la Araucanía. Se empleó en trabajos duros, muy pesados, en los aserraderos de la zona. Continuó así cuando se trasladó a vivir a Los Ángeles para cumplir labores similares.

Pero tanto esfuerzo le pasó la cuenta. Hace una década que comenzó a sentir molestias en sus articulaciones. Nada grave, pensó en un principio, y siguió trabajando porque no tenía más opción.

Sin embargo, con el paso del tiempo, esas molestias se convirtieron en dolores permanentes, a veces, insoportables. Después de varias idas a médicos y especialistas, el diagnóstico indica que sufre de una artrosis degenerativa y tendinitis rotuliana en su rodilla izquierda. A punta de calmantes, como tramadol o morfina, procura aplacar sus dolores.

Como si fuera poco, también suma cuadros de diabetes y de depresión. Debido a su condición de salud, en tres ocasiones ha tramitado tres veces su pensión por invalidez. En tres veces se le ha denegado.

Así, a sus 45 años, ya no puede trabajar en aserraderos. En realidad, en nada que le obligue a hacer fuerzas. Los dolores son más fuertes. “Es que si pudiera trabajar, lo haría. Pero no encuentro un empleo que le ayude”, acota.

El mismo explica que, en su condición, solo puede emplearse como guardia de seguridad o nochero o de alarife (ayudante de topógrafo) porque así su cuerpo no se exige.

Marco Orellana vive solo en una pieza que arrienda en la avenida Los Ángeles, a la altura del número 690. En este último tiempo ha sobrevivido gracias a los aportes del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y a los retiros de los fondos de pensiones. Con esos dineros le alcanza para hacerse cargo de los gastos básicos: arriendo y cuentas de luz y agua.

El año pasado, cuando escaseaban las ayudas para capear la emergencia sanitaria por el covid-19, debió vender su cocina y solo un hervidor le asegura una taza de café caliente algunas veces al día.

Un plato de comida caliente se la puede proporcionar gracias a la olla común que echó a andar la junta de vecinos del sector. Pero solo sucede tres veces a la semana. Y no siempre porque las ayudas a la entidad cada vez han ido menguando.

“Me las he rascado como he podido yo solo pero la verdad es que la he tenido difícil. A veces he tenido que pasar por el alambre”, admite con un tono de frustración.

Marco Orellana necesita volver a hacerse exámenes médicos que verifiquen su condición de salud. Su valor se empina sobre los 400 mil pesos. Pero no tiene manera de costearlos.

Por eso, con los documentos médicos y cotizaciones en mano, se acercó al diario La Tribuna para pedir ayuda a la comunidad a fin de costear dichos procedimientos que le permitirán saber el estado de salud y la posibilidad de alguna opción paliativa.

Su CuentaRut es 14435212-2 a la cual le pueden realizar sus aportes a nombre de Marco Alfonso Orellana Cabrera, cuyo teléfono es +56 9 3411 9647.

lee nuestra edición impresa

  • Compartir:

opinión

lo más leído

logo-ediciones-anterioes