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Crónica

¿Cómo era Los Ángeles hace 100 años?

Los datos del censo de población realizado en noviembre de ese año dan cuenta de la consolidación de la impronta urbana de la ciudad: casi 15 mil personas vivían en el área urbana contra las 11 mil de los sectores rurales. Sin embargo, barrios como Paillihue o Santiago Bueras ni siquiera existían.


 Por Juvenal Rivera

edificio de la intendencia, esquina de calles Colón con Lautaro

Si nos tuviéramos que sentar a describir a Los Ángeles en la década del veinte en este nuevo siglo, muy probablemente estaríamos hablando de una urbe pujante, con más de 220 mil habitantes.

Sin embargo, hace 200 años el panorama era muy distinto. Pero muuuuuuy distinto. En ese tiempo era una (muy) modesta y lejana villa que había sido asolada por la brutal Guerra a Muerte, hacia el final del proceso independentista.

Hubo un reguero de sangre en los enfrentamientos entre las fuerzas patriotas y los últimos bastiones realistas existentes en el territorio. Ese año se produjo uno de los hechos más luctuosos que fue la muerte del mariscal Andrés de Alcázar, homenajeado después con un hotel y una avenida que llevan su nombre.

Cien años más tarde, el panorama era diferente. Lejos del conflicto y la belicosidad de los albores del siglo XIX, la otrora villa de Los Ángeles había tomado la forma de una urbe más consolidada, iniciando una era de profundas transformaciones.

Sin embargo, antes de tener esa expectante condición, debieron suceder varios acontecimientos relevantes.

Hay que tener en cuenta que por el terremoto de 1835, se pensó seriamente en la posibilidad de trasladar la villa a otra ubicación, pero al final siguió donde mismo. Además, el avance del Ejército chileno hacia el sur del río Biobío le restó importancia estratégica a Los Ángeles, que antes era el émbolo de la presencia militar en la zona.

Un hito significativo fue la llegada del ferrocarril en noviembre de 1875, lo que permitió que la villa finalmente saliera de la situación de aislamiento que se acentuaba en la época invernal, en que las crecidas y desbordes de los ríos impedían la comunicación con las ciudades de mayor importancia, como Concepción o Chillán. Lo anterior permitió también el incremento de la actividad económica, gracias a las posibilidades de colocar la producción agrícola y ganadera más allá de las fronteras comunales.

¿Pero qué sucedía hacia 1920 en Los Ángeles? Los datos del censo de población realizado en noviembre de ese año dan cuenta de la consolidación de la impronta urbana de la ciudad: casi 15 mil personas vivían en el área urbana contra las 11 mil de los sectores rurales.

Un par de datos a tener en cuenta: Paillihue, donde ahora viven cerca de 50 mil habitantes, era considerada como área rural. El primer poblamiento se inició recién en 1916, después que se lotearan los terrenos de lo que sería la población Siglo XX. Además, en ese tiempo la localidad de Santa Fe (con 5 mil almas en ese tiempo) era una comuna aparte de Los Ángeles.

La ciudad estaba constreñida al perímetro de la avenida Ricardo Vicuña por el sur, Ercilla por el poniente, Latorre por el norte y José Manso de Velasco por el oriente. El sector de Pueblo Nuevo –actual Plaza Pinto– estaba tomando forma urbana, aunque la avenida Vicuña Mackenna recién se entregó a su uso en 1922. La villa Hermosa –antes Villa Alegre– también se estaba consolidando, después de que entregaran los loteos hacia 1910.

Un punto bullente de actividad era el recinto Estación. En su entorno había hostales, restaurantes, almacenes y bares para acoger a los visitantes. Sin embargo, la avenida 21 de Mayo y la laguna Esmeralda no existían aún, puesto que se inauguraron recién en 1921. Tampoco existía el estadio municipal (fue construido en esa misma década).

En 1920, la Plaza de Armas había sido sometida a la primera remodelación importante con la inauguración del odeón que permaneció ahí hasta el final del siglo XX. En su entorno, lo más llamativo era el regimiento situado por calle Caupolicán, frente a la Plaza de Armas. Al otro lado de la manzana, por calle Lautaro, estaba el edificio del internado y del Liceo de Hombres.

Sin embargo, la construcción más rutilante era el imponente edificio de la Intendencia, inaugurado en 1910 y que se ubicada en la esquina nororiente de las calles Colón con Lautaro.

Pese al crecimiento poblacional, las calles de Los Ángeles eran de tierra (barro en invierno y polvo en verano). Solo algunas arterias céntricas eran de adoquines. El agua potable se había instalado algunos años antes y el alcantarillado –fundamental en nuestros tiempos– solo existía para el hospital.

El comercio local se concentraba en calles Colón y Almagro. De ese tiempo, solo subsiste la ferretería El Martillo, aunque originalmente fue una tienda dedicada a la venta de telas y ropa.

Los extranjeros, principalmente alemanes que arribaron a la ciudad entre 1857 y 1858, ya se hacían notar con su participación en distintas actividades comerciales, desde herrerías hasta almacenes.

Sin embargo, un nuevo hito económico y social ya se estaba gestando en la década del 20. En ese tiempo se trabajaba aceleradamente en la construcción del canal de la Asociación de Canalistas del Laja, obra entregada en 1925.

Su puesta en operaciones consolidó la matriz agrícola que caracterizó a Los Ángeles en el siglo XX, al incorporar más de 50 mil hectáreas al riego, trayendo consigo una floreciente actividad relacionada en las décadas siguientes, como la instalación de plantas conserveras, lecheras y de azúcar refinada a partir de la remolacha.

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