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Los 100 años del “Tata Enrique”: El angelino que cumplió un siglo en medio de la pandemia

Si bien no tuvo hijos en su matrimonio, la vida se encargó de poner a su lado una hija, nietos y bisnietos, quienes quisieron salir de la privacidad de su celebración a compartir su historia con la comunidad


 Por Cristian Salazar

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Los adultos mayores han sido una de los grupos más vulnerables y afectados por la actual pandemia de Covid-19 en nuestro país y el mundo. Muchos afectados por este virus han terminado en las unidades críticas de los hospitales para intentar ganar la batalla contra la enfermedad, mientras que otros han soportado tiempos de soledad y confinamiento en sus hogares, donde los saludos y conversaciones con sus hijos y nietos solo se realizan por medio de una pantalla a la distancia y sin la oportunidad de volver a disfrutar de un simple abrazo o una buena conversación alrededor de una mesa.

Si bien hay muchos que han partido en esta pandemia, hay otros –como el caso de esta historia– que no solo se han mantenido firmes en este tiempo, sino que incluso hacen que el tiempo sea su aliado y les permita disfrutar de un año más junto a los suyos y marcar el fin de un siglo en sus vidas y el inicio de otro.

Esta es la historia del “Tata Enrique”, un angelino que –en medio de la pandemia– logró cumplir 100 años de vida, un siglo, el pasado 13 de febrero, en una celebración sencilla. Fueron tres generaciones a su lado que no quisieron que esta hazaña del ata quedara en la intimidad de la familia, sino que se pusieron en contacto con el equipo de Diario La Tribuna para compartirla con la comunidad.

LA HISTORIA

Don José Enrique Seguel Bravo, el Tata Enrique, nació en el sector de Rarinco en Los Ángeles un 13 de febrero del año 1921. Vivió sus primeros años en el campo junto a Remigio Seguel y Carmen Bravo, sus padres, además de sus cinco hermanos, en un Chile muy distinto al actual, donde las labores de campo en el sector de Pedregal lo acompañaron durante su niñez y adolescencia.

Allá por 1940, al cumplir sus 18 años, vio en el servicio militar una oportunidad de crecer profesionalmente y se mantuvo en el regimiento para desarrollar una carrera que le permitiera ayudar a los demás y prestar un servicio a quienes lo necesitaban.

En esta búsqueda se le abrió una puerta para realizar un curso de enfermería en Santiago, el cual le permitió obtener un título de “practicante”, el paramédico de antaño, que desarrollaba diversas labores de salud, como limpieza de heridas y poner inyecciones.

Esto le permitió acercarse a la gente y llevar a cabo esta actividad a domicilio, siendo reconocido por esta labor que desarrolló durante gran parte de su vida.

Mientras realizaba este curso, conoció a María Cabañas, la mujer que luego se convertiría en su esposa por más de 66 años. Contrajeron contrajo matrimonio un 13 de febrero de 1947, el mismo día del cumpleaños del Tata Enrique.

Junto a su esposa regresó a Los Ángeles, donde cumplió funciones de practicante en el regimiento de nuestra comuna durante toda su carrera, participando de actividades anuales –entre otras– como las tradicionales campañas al refugio cordillerano de Los Barros, hasta el momento de su retiro.

Este hecho no lo limitó a terminar su labor de ampliar su conocimiento en el ámbito de salud para la comunidad, por lo que se decidió a establecer una consulta en su casa de calle Orompello.

Ahí siguió atendiendo pacientes y ejerciendo este trabajo de ayuda a la comunidad, en una labor que se extendió por años. En paralelo, el Tata Enrique participó de otras actividades, como dirigente de clubes de ciclismo, de la Agrupación de Practicantes, además de un colaborador activo en el Hogar de Ancianos Don Orione, tarea que cumplió hasta los 80 años.

La familia además comenta que muchos recuerdan el auto que acompañó al Tata Enrique por muchos años: Un Fiat 1500 de color azul que era su fiel compañero y que le permitía realizar sus visitas domiciliarias por muchos años. Fue vendido en 2001 debido a que no pudo renovar su licencia de conducir por su edad.

Además, recuerdan con nostalgia el 25 de diciembre del año 2013: el día del fallecimiento de la señora María, esposa del Tata Enrique, quien dejó de existir a los 86 años, lo que marcó de manera especial las festividades de fin de año de esta familia en ese entonces.

UNA HIJA ADOPTIVA AGRADECIDA

De manera especial fuimos contactados por Raquel Contreras, una mujer que a los cuatro años conoció a don Enrique y a la señora María, debido a que su hermana trabajaba en su casa realizando labores domésticas.

Por diversas circunstancias, ella terminó siendo adoptada por la familia, transformándose en la única hija debido a que el matrimonio no tuvo hijos.

Raquel creció bajo el cuidado y amor de sus nuevos padres, desarrollándose y estudiando. A los 25 años se casó y tuvo tres hijos que fueron los primeros nietos para el Tata Enrique. Ellos, a su vez, le dieron tres bisnietos.

En esta celebración de sus 100 años, todos ellos participaron de una pequeña reunión, algunos de manera presencial y otros a través de una videollamada con la que se hicieron presentes para saludarlo, hablar con él y desearle el mejor de los días.

Raquel, esta hija que el destino trajo a la vida de don Enrique, y que hasta el día de hoy cuida de él, nos expresó que esta celebración permitió hacer un reconocimiento y agradecimiento por su labor en la comunidad, entregando sus conocimientos a sus pacientes, además del cariño y la dedicación que durante años dio a sus cercanos, quienes esperan que este cumpleaños sea uno más de muchos otros que puedan celebrar junto a él.

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