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Distancia física y social: ¿Por qué nos cuesta estar separados?

Profesionales del área explicaron que reunirse en familia es una necesidad real, y advirtieron que en muchos casos las personas viven hacinadas, y son precisamente los problemas de habitabilidad los que influyen en el contagio.


 Por Constanza Reyes

Familia, contexto

Después de pasar las semanas más difíciles de este año, Estefany Henríquez accedió a entregar su testimonio a Diario La Tribuna, luego que ella, y prácticamente todos los integrantes de su numerosa familia se contagiaran de Covid-19.

Cuenta que junto a su pareja, y sus dos hijos, decidieron ir el 18 de septiembre a la casa de su hermana, con pleno conocimiento de que aquello no era lo correcto, lo que comprobarían solo un par de horas más tarde.

Al llegar al domicilio, quiso saludar a su sobrina, quien le advirtió que no se acercara, porque se había efectuado el examen PCR. Durante esa jornada los hijos de ambas compartieron, al igual que el resto de los participantes de la reunión.

Al día siguiente, cuando quisieron retirarse de la casa, recibieron una llamada donde se les indicaba que el resultado del test de su sobrina era positivo, por lo que debían iniciar inmediatamente la cuarentena. Más tarde conocerían que ocho de los trece participantes del festejo estaban contagiados.

“Perdí el olfato, me sentía con mucho dolor de cabeza, pero después el trámite fue rápido, ya que los doctores son atentos, llaman a cada rato cuando das positivo, y ahí nos fuimos a una residencia, ya que mi hija y yo dimos positivo y mi hijo menor se tuvo que quedar conmigo por ser contacto estrecho”, contó Estefany Henríquez, ahora más tranquila, luego que lo peor pasara.

Su caso es más común de lo que se podría pensar, de hecho, tres de cada cuatro personas se contagian de coronavirus en reuniones sociales con personas que si bien son de la familia, viven en otro domicilio, según datos entregados por la delegación provincial de la Seremi de Salud Biobío.

Según se ha constatado, durante los primeros meses de la pandemia el autocuidado y las medidas de prevención se cumplieron de forma rigurosa, no obstante se fueron relajando posteriormente, lo que ha derivado en un aumento sostenido y explosivo de casos en el territorio, alcanzando los 56 contagios diarios por Covid-19 en Los Ángeles.

¿POR QUÉ CUESTA SEPARARNOS?

Conocido el origen de este fenómeno, la pregunta es, qué lleva a las personas a seguir reuniéndose, aun cuando su salud está en juego? Para el sicólogo Daniel Rodríguez, “las necesidades sociales o de afiliación se encuentran a la base de la jerarquía de las necesidades humanas”, por lo que juntarse no obedece a un capricho, sino más bien a un deseo justificado.

“Una vez satisfechas las necesidades más básicas de supervivencia y de protección, luego vienen las que son de afiliación, que tienen que ver con el relacionarse con otros, con el sentirse aceptado y validados en el relacionarse con otras personas significativas, entendiendo pues, que en la medida en que vayamos sintiéndonos más seguros, que vaya pasando el miedo a morir, las personas van a estar cada vez más cercanas a la necesidad de tener que juntarse en familia, en esos espacios donde se sienten más seguros, valorados, donde han aprendido valores, y pueden ser auténticos y genuinos”, agregó.

Por ello para el profesional se debe diferenciar el distanciamiento físico del social, ya que si bien los medios tecnológicos ayudan, claramente no es lo mismo. “En los análisis que a veces se hacen se pierde de vista que no es un capricho de la gente el querer estar juntos en familia pese a la situación en la que nos encontramos, es una necesidad”.

¿PODEMOS SEPARARNOS, SI VIVIMOS JUNTOS?

El sociólogo y magíster en sicología Gastón Zamorano, postula que existen dos razones primordiales para mantenernos unidos más allá del riesgo inminente: una de índole cultural y otra social.

La primera tiene que ver con que “a diferencia de los países del norte, de origen anglosajón, nosotros somos latinos, nos criamos en tribu, además por nuestros orígenes indígenas, crecemos en tribu, vivimos en tribu, así que lo llevamos en la sangre, no tenemos esa forma gringa de separarnos donde nos vemos solamente para el día acción de gracias una vez al año, acá es una convivencia constante, entonces nuestra vida no se hace en forma separada a nuestra familia, a nuestro núcleo, a nuestra tribu”.

La otra razón es social, aseveró el profesional, quien precisó que “no vivimos separados, hay gran parte de la población chilena que tiene problemas de vivienda y uno de los factores que ha influido mucho en el contagio en los sectores de bajos ingresos es precisamente el hacinamiento, entonces, por más que quisiéramos vivir separados vivimos juntos, muchos familiares jóvenes o gente que vive con sus padres o con otras personas de la tercera edad incluso sus abuelos que vuelve de sus trabajos, que tiene que ir a trabajar de todas formas en esta época, y al regresar contagia obviamente a sus familiares”, remató.

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