lunes 30 de marzo, 2020

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Lajino confirmado de coronavirus relata su experiencia con la enfermedad

“No le doy a nadie estar en esta situación. Aislado, solo, con fiebre, sintiéndose mal, con problemas para respirar. Es complejo si afecta a la gente mayor, a los pacientes crónicos, a los que tienen problemas adicionales de salud. La gente adulta es la que hay que cuidar".


 Por Juvenal Rivera

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En la mañana de ese domingo 8 de marzo, Cristian Roa Solís (38 años, casado, padre de tres hijos) amaneció como si lo hubiesen apaleado. Él mismo lo reseña de esta forma: “Desperté mal, con un cansancio, una fatiga. Me dolía el cuerpo, como si me hubiesen apaleado. El dolor era sobre todo en el tórax, en la parte alta del pecho, y me molestaba al respirar. Era como si la cabeza me pesara dos kilos más, con un dolor muy fuerte en la parte frontal y en la nuca”.

Así, este vecino de la comuna de Laja relata lo que fueron las primeras complicaciones de salud que, sumadas a una fiebre que alcanzó los 38 grados, lo llevaron a viajar en auto a la asistencia pública del hospital de Los Ángeles.

Aunque siempre esperó que fuera un resfriado y nada más, a la mañana del día siguiente tuvo un diagnóstico definitivo y cierto: estaba enfermo de Covid-19 por coronavirus. Un test tomado en la víspera en el recinto asistencial local arrojó que tenía esa afección.

Así, Cristian Roa se convertía en el primer paciente afectado por coronavirus en la Región del Biobío.

Sin embargo, pese al elevado nivel de contagio de la enfermedad que ha hecho que se propague sin control por todo el mundo, su determinación a cuidarse, a ser responsable consigo mismo y con su entorno más directo, permitieron que su quedara confinado en el mismo, en nadie más. Ni en su mujer Paula ni en sus tres hijos. Ni en el resto de la familia, en amigos o colegas de trabajo.

Su historia fue contada por él mismo en el informativo de la Municipalidad de Laja, a través de una conversación telefónica en que narró los detalles de cómo habría contraído la enfermedad, los cuidados que tomó y las providencias adoptadas en el hospital de Los Ángeles que le permitieron superar la enfermedad sin causar más afectación.

EL PRINCIPIO DE TODO

Es sabido que el 1 de marzo, Cristian y Paula, su mujer, eran parte de los 80 mil hinchas que presenciaron uno de los partidos más esperados del fútbol mundial: Real Madrid vs Barcelona.

La pareja estaba ahí gracias al un premio otorgado por la cerveza Budweisser que consistía en presenciar el cotejo en el estadio Santiago Bernabéu, en Madrid, con todos los gastos pagados, desde el translados, los pasajes, la estadía y, por cierto, las entradas en ubicación preferencial.

En esos días, en España poco y nada de hablaba del coronavirus. Los casos confirmados superaban poco más del medio centenar y los muertos sólo eran dos.

Sin embargo, Cristian y Paula igualmente se preocuparon. Leyeron lo que se publicaba sobre la enfermedad y de ahí que en el viaje de ida y de vuelta, ambos viajaron con mascarillas puestas.

Además, cuando estuvieron de vuelta en Laja – el 3 de marzo – optaron por una medida radical que, al cabo, fue decisiva: “con mi pareja tomamos la decisión de no tomar contacto físico, ni besos ni abrazos, de estar alejados. Asimismo con los hijos, porque queríamos esperar unos días y estar seguros. Así se lo dijimos a la familia para que no nos visitaran y que esperaran a que pasaran los días por precaución, que se mantuvieran  alejados por cualquier cosa. Eso sirvió, sirvió bastante”.

De ahí que cuando sintió las molestias y fiebre alta en esa mañana de domingo y viajó de Laja a Los Ángeles (con su mascarilla puesta), Cristian Roa no solo reportó los síntomas al médico que lo atendió, sino que también detalló su reciente viaje a España que, en ese tiempo, no era catalogado como un país de riesgo por el coronavirus. Ahí se produjo otro momento importante en la historia de su enfermedad: “Si me hubiesen enviado de vuelta por un resfriado común – porque España no estaba en los países de riesgo-, quizás no estaríamos hablando de esto ahora, de que no hay más infectados porque me habría vuelto a la casa, habría vuelto al trabajo”.

Ese día le tomaron el examen y lo dejaron aislado en el hospital a la espera del resultado. “Siempre quise pensar que era negativo”, dice Cristian.

Pero no fue así. “Cuando me entregaron el resultado, en lo primero que pensé fue en la familia. Si ya estoy positivo, en mi casa están todos son positivos. Es cuando uno empieza a rogar y pedir que todos estén bien y que sea yo el único que esté afectado”.

AISLAMIENTO

El aislamiento de este lajino fue riguroso. Después de ser diagnosticado con coronavirus, inició un enclaustramiento exhaustivo. Su mujer y sus hijos – a quienes también se les tomó el test pero salió negativo – se fueron a la casa de sus suegros.

Él se quedó solo en su casa. Y no fue nada de fácil. Porque estaba enfermo: “El 9 de marzo retorné a mi casa y desde ese día que estoy completamente aislado. En los primeros días después del contagio no estuve bien. Tuve mucha fiebre. Además, soy alérgico a los medicamentos y no puedo tomar paracetamol así que me bajaba la temperatura con pañitos húmedos y tomándose la temperatura cada hora o cada media hora”.

Además, no fue nada de fácil estar lejos de sus seres queridos: “Soy muy apegado a mis hijos y uno extraña a la familia. Mis hijos menores (una pareja de gemelos de 3 años y medio) creen que estoy trabajando. Mi hijo mayor sabe lo que está pasando y lo asume”.

Le ayudó saber cocinar y hacer las demás labores de la casa. Su familia solo lo ve desde lejos para dejarle el pan del día: “me han venido a dejar cosas a la puerta, mi familia, mis hermanos pero siempre tomando los resguardos. Me dejaban las cosas en la puerta de la casa, ellos se van, esperaba un minuto, las entraba y así”.

Ahora sigue en cuarentena hasta el próximo domingo para descartar cualquier posibilidad de contagio. “Recién el próximo domingo podré salir de y decir que ha superado la enfermedad” señala, aunque igualmente le tomarán varios exámenes en la semana para ver en qué condiciones está y si hubo daños en los pulmones: “es importante ver en qué condiciones quedé para tranquilidad mía y de la familia”.

Las personas que tuvieron contacto con él – 15 en total – estuvieron con aislamiento preventivo pero ya están todos de alta: “no hubo algún contagiado o que haya presentado algún síntoma por haber estado en contacto conmigo.

PREVENCIÓN

“Actuamos en el momento en que había que actuar, en el momento de tener síntomas. Por lo que veo por televisión y por lo que me doy cuenta, hay mucha gente que está tomando los resguardos, se está quedando en su casa, no se expone, no está saliendo. Pero es un porcentaje muy mínimo. Hay mucha gente que sigue saliendo y concurriendo a algunos sectores.

La gente no debe exponerse. No crean que porque andan con una mascarilla, no se pueden contaminar. La gente debe tomar todos los resguardos. Sé que mucha gente debe trabajar pero la familia puede mantenerse a resguardo, quedarse en la casa, exponerse lo menos posible, evitar el contagio.

Lo importante es quedarse en casa porque así tiene menos contacto con otras personas. Hago un llamado a que la gente se quede y si lo hace, que sea por algo preciso”.

“No le doy a nadie estar en esta situación. Aislado, solo, con fiebre, sintiéndose mal, con problemas para respirar. Es complejo si afecta a la gente mayor, a los pacientes crónicos, a los que tienen problemas adicionales de salud. La gente adulta es la que hay que cuidar. Soy joven, gozo de buena salud y puedo decir que lo superé pero hay mucha gente que no es así y debe tomar las medidas”, concluye.

Especial Coronavirus

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