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Memorias de Biobío: El desconocido vínculo de Julio Verne con Antuco y Pichachén

El escritor francés menciona directamente al volcán Antuco y al paso Pichachén en su libro "Los hijos del capitán Grant", publicado por entregas entre 1865 y 1871.


 Por La Tribuna

13, 2, Julio Verne

El pasado 8 de febrero se cumplieron los 192 años del nacimiento de Julio Verne, uno de los escritores más relevantes e influyentes a nivel mundial en el género de la literatura fantástica.

Abogado, dramaturgo y principalmente escritor de ciencia ficción, sus libros de aventuras han sido de los más traducidos a nivel mundial. “Veinte mil leguas de viaje submarino”, “Viaje al centro de la tierra” y “La vuelta al mundo en 80 días” son publicaciones insustituibles en la literatura universal.

¿Qué tiene que ver este célebre francés, autor de afamadas novelas de corte futurista, con la provincia de Biobío?

Pues bien, el autor francés, entre su vasta creación literaria, escribió una novela llamada “Los hijos del capitán Grant”, que publicó por entregas entre 1865 y 1867 en una revista de su país. No es de las más conocidas de su amplio repertorio literario.

Sin embargo, esta publicación en particular hace referencia directa e inequívoca al volcán Antuco y al paso Pichachén.

Sí, alude directamente a ese lugar de la cordillerana comuna antucana que nos une con la vecina república de Argentina. “Llegaron al buscado paso de Antuco… A unas dos millas rugía el volcán de Antuco… En ese momento la tierra tembló”.

Más elocuente, imposible.

¿Cómo pudo Julio Verne conocer este distante lugar de su tierra natal? ¿Qué referencias tuvo? Ahí ya se abre paso a las conjeturas.

Porque hasta la fecha de la publicación del libro, no era mucho lo que sabía sobre esta parte del mundo.

Las más antiguas son las descripciones del naturalista alemán Eduard Poepigg que, en 1828, presenció una de las erupciones del volcán Antuco.

Otro aporte lo pudo haber hecho el también alemán Mauricio Rugendas, quien dibujó una de las mayores erupciones del volcán Antuco en 1835. Su cuadro muestra a dos hombres escapando cerro abajo de la columna de humo y cenizas que salía de esa reconocida formación volcánica.

El relato de Julio Verne es de 1865 (de hace más de 155 años), cuando el paso fronterizo era un lugar de intercambio habitual en ambos lados de la cordillerana. Paradojalmente, mientras más crecía la popularidad de Verne, más caía en el olvido este hito limítrofe situado al interior de Antuco.

Recién en 1998 se produjo uno de los mayores hitos de integración binacional: el 6 de enero de ese año, el paso Pichachén fue reabierto de manera oficial durante la temporada de verano, lo que se ha mantenido así hasta la fecha.

Y lo más interesante es que las perspectivas apuntan a que, en el mediano plazo, será asfaltado hasta la frontera.

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