sábado 14 de diciembre, 2019

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Lucrecia Quezada: “Tenemos que hacer un esfuerzo, ya estuvimos muchos años callados por miedo”

Lucrecia Quezada, una angelina de 78 años, ha salido a manifestarse en todas las marchas realizadas en la ciudad, esperando poder brindar una mejor sociedad a las nuevas generaciones.


 Por Juan Villalobos

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Bastó poco más de un mes para que Chile dejara atrás su imagen de “Oasis Latinoamericano”. El viernes 18 de octubre, el caos estalló en Santiago con masivos enfrentamientos, incendios y ataques al Metro, en protesta por el alza de tarifas que pasó de 800 a 830 pesos (tras otro aumento consecutivo de 20 pesos en enero), situación que obligó a cerrar el sistema de transporte subterráneo más grande de Sudamérica. Fue para muchos la gota de agua que rebasó el vaso y trajo consigo una masiva movilización que se hizo presente a lo largo y ancho de todo el territorio nacional, haciendo presente el descontento ciudadano, tras años de exclusión, de más del 80% de la clase trabajadora chilena, que no alcanza a llegar a fin de mes y que no tiene otra alternativa que incluso endeudarse para comer.

La destrucción del transporte público, primero, y las posteriores portadas de un inmenso malestar, así como el decreto de “estado de emergencia” y la instalación de “guerra” por parte del Presidente Sebastián Piñera, han sido aspecto sustanciales que han marcado con fuerza la lucha social que busca igualdad de oportunidades.

Organismos internacionales han denunciado “graves violaciones a los derechos humanos” por parte de la policía en la represión de las protestas: golpizas brutales, tortura y violencia sexual. Con alrededor de 60.000 agentes, la institución policial sufre de una fuerte crisis de confianza en la ciudadanía y se encuentra cerca de una reformación integra.

LOS ÁNGELES

Las manifestaciones ciudadanas han congregado de forma transversal a millones de chilenos y chilenas.

En Los Ángeles las manifestaciones se han desarrollado de manera pacífica en casi la totalidad de sus jornadas y una de las personas que ha dicho presente en cada una de las extensas caminatas por las principales avenidas de la ciudad, acompañada de cánticos y tambores, es Lucrecia Quezada, de 78 años, quien de forma exclusiva conversó con Diario La Tribuna sobre qué la motiva a manifestarse en las calles junto con un análisis histórico desde su perspectiva personal.

-¿Qué la motiva a salir a la calle en cada una de las jornadas de manifestaciones?

Lo que me motiva a salir y manifestarme es que a lo largo de mi vida he visto mucha desigualdad, mucha pobreza y muy pocas oportunidades para los más pobres. Las oportunidades no dependen de las capacidades de las personas, sino que del dinero que tengan, es una penosa realidad en nuestro país.

Me alegra ver a los más jóvenes presentes, me reciben con cariño, me cuidan, eso me incentiva cada vez que salgo a marchar. Hay días que me siento cansada y pienso en no salir, luego recuerdo que un grito más puede ayudar y hacer la diferencia, podemos conseguir algo a esta altura, ya no para mí, sino para las generaciones que vienen. Ver a tantos jóvenes que no tienen nada, la sociedad les ha quitado todo, ellos tienen razón de ser así, yo los apoyo, ellos tienen muchos motivos para actuar de esta manera, no son vándalos, no son delincuentes, son sólo niños con muchos sueños.

¿A qué se ha dedicado a lo largo de su vida?

Yo soy profesora jubilada, cuando estudié pedagogía era porque estaba al alcance del bolsillo de nuestra familia, yo en aquel entonces no tenía que pagar la universidad, solamente pagaba la pensión ya que debí estudiar en otra ciudad.

Ahora es terrible, los estudiantes están endeudados para toda la vida, no puede ser que el país no sea capaz de darles lo mínimo, lo que es un derecho tan vital como la educación.

Yo hice clases acá en Los Ángeles en la Escuela Nº3, fui exonerada y la alegría no llegó para mí, trabajé posteriormente en escuelas rurales hasta jubilarme.

En este mismo sentido, las pensiones de los profesores son miserables, yo he tenido mucha suerte, pude educar a mis hijos y gracias a eso vivo bastante bien, casos como el mío son poquísimos, la mayoría de los profesores jubilan muy mal, yo al menos tengo a quien recurrir. Muchos profesores han muerto esperando la deuda histórica, mi marido es uno de los que murió esperándola, no es justo vivir así cuando uno ve que hay personas que viven con tanto lujo, tanto despilfarro y tanta gente que vive en la pobreza.

-¿Cómo se relaciona este contexto actual con el pasado? ¿Esto lo había visto antes?

Yo viví todo el proceso de la dictadura, lo viví y sufrí. Recuerdo el gobierno de Salvador Allende, del cual era partidaria en aquel entonces, para mí fue un buen gobierno por lo menos pudimos soñar, muchas cosas no se lograron pero pudimos soñar. Después la dictadura fue lo que todos saben, sufrí mucho, fui exonerada, fue un muy mal recuerdo para mí.

Actualmente se está volviendo a repetir el mismo escenario, la represión, tantos jóvenes con daño en sus ojos, mucha gente ciega, gente muerta, me preocupa mucho, me da miedo, la verdad. Yo le digo a los jóvenes ‘tengan cuidado, no se arriesguen’, uno menos es muy significativo.

Me asusta mucho esta situación, me duele, yo no quiero un mundo así para mis nietos, no es justo para la juventud que recién está empezando y que deban sufrir todo esto, no es justo, porque no somos un país pobre, somos un país con recursos.

-¿Cómo ve a la actual sociedad chilena?

Hemos aguantado como sociedad muchas cosas mal hechas, los robos que hacen instituciones como las Fuerzas Armadas, los robos hechos por los grandes empresarios: nos quitan el agua, la venta del litio, el cobre; cosas como estas han llevado a que estemos mal como país, los recursos son para algunos que en forma deshonesta se están adueñando de ellos. 

-¿Qué le diría a la población angelina y del país?

No sólo la juventud deben tomar participación en este movimiento social, es importante también que los adultos salgan a manifestarse, no podemos ser tan irresponsables de entregarles el mundo de esta forma a los más jóvenes, tenemos que hacer mucho esfuerzo, ya estuvimos muchos años callados por miedo, por miedo no lo hablábamos y teníamos razón de tenerlo. Ahora sin embargo es muy distinto, las cosas se saben, se pueden grabar, podemos acusar los abusos, antes no se podía. Me gustaría que la gente reflexionara un poquito, uno debe pensar en los demás, porque si la sociedad está mal, vamos a estar todos mal.

Por eso hay que salir, no hay que hacer destrozos, hay que salir a marchar salir a gritar, un grito más es un aporte que marca la diferencia y exigir lo que corresponde.

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