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Los Ángeles

Solidaridad, perseverancia y compromiso: el sello que marcó al padre Antonio Casarín Manzán

El “padre Antonio” como era conocido en la ciudad fue uno de los grandes impulsores de la construcción en Los Ángeles del Hogar de Ancianos Don Orione, del cual fue su director y representante legal, liderando distintos proyectos para el bienestar de los adultos mayores.


 Por La Tribuna

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Hace seis años, el padre Antonio Casarín, celebraba sus 50 años de sacerdocio en la parroquia del Perpetuo Socorro, en calle Orompello con Colón, y un par de años después, con la misma efervescencia de ese momento, se despedía de la ciudad de Los Ángeles, entregando un mensaje claro y directo a la comunidad: “Quiero que sigan ayudando al Hogar de Ancianos”.

Las coincidencias y las circunstancias de la vida parecen siempre conjugarse en torno a la Congregación de los Cottolengos. Ayer, a las 15:30 horas, la Congregación Pequeña Obra de la Divina Providencia confirmaba la muerte de P. Antonio Casarín Manzán, víctima de un infarto fulminante mientras era atendido en la residencia del pequeño Cottolengo de Santiago.

Tranquilo y sonriente, aunque muy deteriorado de salud, se preparaba para sumarse a la ceremonia especial, organizada para recordar los 50 años de la obra en Chile. “Falleció media hora antes de que en cada uno de los hogares se conmemorara el aniversario por los 50 años de los Cottolengos. La ceremonia era el sábado pero se pospuso para el día de hoy (ayer). Casi que como lo planificó, como diciendo, ya hice mi parte” relata Cristian Glenz, director del Cottolengo en Santiago.

El padre Antonio, como era conocido en la ciudad, el sacerdote Antonio Casarín, fue uno de los grandes impulsores de la construcción en Los Ángeles del Hogar de Ancianos Don Orione, del cual fue su director y representante legal,  impulsando distintos proyectos para el bienestar de los adultos mayores. Al dejar sus labores en Los Ángeles como director del Hogar de Ancianos Don Orione fue trasladado por su Congregación a cumplir funciones en Santiago.
Nació, estudió y se recibió de sacerdote en Italia. Llegó a Chile en 1973 para hacerse cargo de la administración del Pequeño Cottolengo de Los Cerrillos. En 1978 es enviado a Los Ángeles como director del Hogar de Ancianos, en nuestra ciudad también se desempeñó como párroco de Santa María Madre de la Iglesia y vice párroco de la Parroquia del Perpetuo Socorro.

APEGO POR LA CIUDAD

Cristian Glenz, director del Cottolengo en Santiago, dijo que los últimos tres años, el padre Antonio siempre mantuvo en el recuerdo, su paso por la ciudad de Los Ángeles. “El padre Antonio siempre me llamó la atención por su enorme corazón. Sus chiquillos, los abuelitos, los residentes de Los Ángeles,

las personas con discapacidad de Los Cottolengos de Rancagua y Los Ángeles, siempre fueron el centro de lo que él hacía, motivado por un cariño y dedicación enorme. Todo lo que hacía con una fuerza enorme. Siempre motivado por ayudar a las personas más frágiles. Era una persona obstinada a veces por sacar las cosas adelante”.

Agregó que se empeñó por ayudar a los más desvalidos, en sintonía con el fundador de la Congregación, el santo don Orione. “Siento que tiene que haber trabajado muchísimo para darle la mejor calidad de vida a las personas que trataba de proteger y de cuidar. Fue fundamental en Los Ángeles y Rancagua”, al tiempo que destacó su faceta, su buen gusto por el diseño y la arquitectura, en referencia a las instalaciones de los hogares. “Era muy cercano a las personas de todo nivel social, logrando reunir entre los benefactores, los recursos suficientes para lograr mantener los hogares de ancianos. “Transmitía transparencia, devoción, compromiso. 

No le costaba conseguir recursos entre los bienhechores, condición que le permitió impulsar los proyectos para los adultos mayores”.

AL SERVICIO DE LOS MÁS DESVALIDOS

Silvia Manríquez, ex gerenta de diario La Tribuna y colaboradora del Hogar de Ancianos Don Orione, también destacó el perfil solidario y comprometido del padre Antonio. “Trabajamos juntos muchos años al pertenecer al Consejo de Administración. El padre Antonio con los adultos mayores expresaba un cariño y preocupación extraordinarios. Era el sacerdote que se levantaba en las noches de invierno para comprobar que los abuelitos estaban abrigados, si estaban bien. Era de una dedicación y un cariño tremendo no sólo en Los Ángeles sino que también en Rancagua. Era muy querido.

Siempre estuvo al servicio de las personas más desvalidas.

En realidad se pierde a una gran persona. La Congregación pierde también a un gran sacerdote” destacó.

COMPROMISO DE VIDA

Antonio Casarín Manzán nació en Visnadello diócesis de Treviso. El 27 de septiembre 1935 realizó su primera profesión, el 12 de septiembre de 1954 y su profesión Perpetua el 17 de diciembre de 1960, ordenándose sacerdote el 15 de septiembre de 1964, llegando como misionero a Chile en el año 1973. 

Para poder cursar los estudios, viajó a Alesandría e ingresó a un Colegio de Don Orione, de enseñanza gratuita.

En 1954 ingresó definitivamente en la Congregación de Don Orione, después de un año de noviciado.

Terminados los estudios de Filosofía, en 1958 fue enviado a Dicastillo (Navarra-España) para desempeñarse como paradocente en el Seminario con 110 jóvenes estudiantes.

De vuelta a Italia reanudó los estudios de Teología y se recibió de sacerdote el 14 de marzo de 1964.

El mismo año fue enviado nuevamente al Seminario de Navarra como prefecto de disciplina.

En 1973 es enviado a Chile para hacerse cargo de la administración del Pequeño Cottolengo de Los Cerrillos hogar para niños con discapacidad profunda. Empieza la campaña de expansión construyendo dos pabellones para menores y los servicios generales.

Al mismo tiempo empieza la construcción de la Parroquia Nuestra Señora de la Reconciliación, en Villa México.

Ayuda a personas con problemas políticos orientándolos al Comité por la paz (Sta. Mónica), y si era el caso, hacia el exilio.

Con la camioneta del Cottolengo recorre los huertos de Maipú y las Industrias de Cerrillos para recolectar alimentos y verdura para los Comedores Fraternales de Villa México, Divino Maestro.

Frecuenta cursos de expansión de la Universidad de Chile para capacitarse en el mundo de la Discapacidad.

En 1979 es enviado a Los Ángeles como director del Hogar de Ancianos.

LOS PROYECTOS SE CONSOLIDAN

A los años de llegar a Los Ángeles, inicia la ampliación del Hogar. De 16 ancianos llega a hospedar a 110 ancianos y ancianas, creando 5 nuevos pabellones, servicios generales, policlínico para atención a la comunidad y el comedor para indigentes.

Se desempeña como párroco de Santa María Madre de la Iglesia y vice párroco de la Parroquia del Perpetuo Socorro; Forma parte del Consejo Presbiteral, de la Diócesis Santa María de Los Ángeles.

Incrementa el Comedor Fraternal de la parroquia hasta 140 niños de poblaciones, integrando a las mamás en la manipulación de los alimentos.

Con la ayuda de la Comunidad y de Adveniat alemana, empieza la restauración total de las dependencias parroquiales: comedores, salones, patios y especialmente la Iglesia del Perpetuo Socorro, salvándola de la demolición ordenada por la Municipalidad después del terremoto 1961, devolviéndole el edificio a su esplendor colonial primitivo, constituyéndose así en una joya arquitectónica “un verdadero aporte arquitectónico a la ciudad de Los Ángeles” destacaba el alcalde de la época, Ricardo Acuña.

A ello sumaba instalaciones para albergar a más de 300 niños con la posibilidad de integrarse a una familia adoptiva y el rol crucial al ocurrir el incendio en la desaparecida población En Tránsito. Las obras son muchas y no sólo en Los Ángeles.

En 2002, se le concede por especial gracia, la nacionalidad chilena, día el 19 de enero de 2002.

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