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Los Ángeles

Cambio climático en Biobío: Investigador rompe mitos y pide volver a los alimentos tradicionales

El ingeniero, doctor en recursos naturales y especialista en climatología, Raúl Orrego, comenta que cada vez nos alejamos más del dicho popular “más chileno que los porotos”, atribuyendo la conducta a un problema más cultural que técnico.


 Por La Tribuna

Foto 1 control de malezas (1)

La dieta de los chilenos ha ido cambiando en los últimos años. Sólo un ejemplo de ello es el consumo de porotos, que por décadas se mantuvo estrechamente ligado a la identidad nacional. De acuerdo con las cifras de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias –Odepa- del Ministerio de Agricultura sobre consumo aparente de ciertos alimentos, las legumbres y especialmente los porotos son los productos que los chilenos más están dejando de consumir. Si en el año 2003 se consumían 2,6 kilos por persona al año, hoy apenas se llega a 1,6 kilos. Lo mismo ocurre con las arvejas. En 2003 se consumían 0,4 kilos, pero en 2013, que es el último dato disponible, solo se llegó a 0,1 kilos.

Los hábitos y las costumbres ya no son los mismos que hace un par de décadas. Así también como se han ido modificando las conductas,  el panorama es distinto en el clima. Al igual que toda la zona central y centro-sur de Chile, la región del Biobío se está viendo afectada por una disminución, -aunque con menor severidad respecto de la zona central- por un cambio en la distribución temporal de las precipitaciones, un aumento importante de las temperaturas, en especial las máximas, y un mayor desorden en la ocurrencia de eventos que pueden perjudicar a varios cultivos, frente a las lluvias en verano, granizos o heladas. Lo anterior redunda en una fenología más acelerada, cambios en las plagas y enfermedades que afectan a los cultivos, mayor incertidumbre respecto de los riesgos meteorológicos, y ciertamente en una mayor competencia por el agua, argumenta Raúl Orrego, ingeniero y doctor en recursos naturales y especialista en climatología, quien se desempeña en el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias, INIA Quilamapu de Ñuble.

En entrevista con diario La Tribuna, el profesional planteó los desafíos de la agricultura ante el escenario de escasez hídrica, considerando las particularidades de la provincia de Biobío. Ese es precisamente uno de los problemas más complejos que enfrenta la agricultura chilena en condiciones de cambio climático, con tres circunstancias que afectan de manera importante el abastecimiento hídrico: “hace más calor por lo que aumenta la demanda de agua, llueve menos en total, y los cambios en la distribución de las precipitaciones dificultan el almacenamiento. Además hay menos nieve tanto por el aumento de la temperatura como por la menor proporción de nieve que cae al final del verano y comienzo del otoño”, explica, al enfatizar que “si no se actúa con urgencia, el escenario es más bien pesimista. Este diagnóstico es común a toda la zona central y centro-sur de Chile, y si bien Biobío y Araucanía están y estarán un poco menos afectados que las zonas de más al norte, la tendencia a una condición de menor oferta y mayor demanda es innegable”.

CAMBIO CLIMÁTICO EN BIOBÍO

A juicio del profesional son distintos los aspectos a incorporar y considerar, respecto de los cambios que se presentan en Biobío.   

¿Qué rol cumple el uso de la tecnología dentro del contexto actual?

La tecnología es una herramienta clave para poder enfrentar los problemas que nos impone el cambio climático. Sin embargo como buena herramienta es una ayuda siempre y cuando se utilice de manera inteligente, ya que un mal uso de ella puede incluso agravar el problema. Hay dos ejemplos de ello que creo importantes a traer a colación, debido a que se proponen casi como “balas de plata” para enfrentar el tema.

¿Cuáles? ¿Se convierten en ventajosos o desfavorables?

El primero los embalses. Es claro que embalsar agua es una estrategia que ayuda, más aún dado que parte importante del problema es la forma en que está lloviendo, con menos eventos más concentrados, lo que disminuye el potencial de almacenar agua que tiene el sistema de manera natural. Sin embargo, el embalse se enfrenta al mismo problema de las cajas rápidas de los supermercados. El embalse da una mayor seguridad de abastecimiento, por tanto están aparejados con aumentos de superficie. Sin embargo esta seguridad es falsa, ya que el embalse no crea agua, sólo distribuye mejor la que ya hay e incluso puede disminuirla, al generar mayor evaporación, lo que hará que el problema sea aún mayor en períodos de sequía.

Así, el embalse va a ser un aporte sólo en la medida que el aumento de la superficie que derive de su construcción sea acorde a la oferta hídrica que realmente permite en condiciones de sequía. Este efecto se agrava si consideramos que el principal cambio que se está observando con el cambio climático en Chile respecto de las precipitaciones es que prácticamente desaparecieron los años lluviosos, y por tanto es muy probable que ya no haya años chapulines, que nos ayuden a llenar los embalses después de un periodo seco.

Además de la construcción de embalses, se plantea el riego tecnificado, ¿existen otras alternativas?

El riego tecnificado, si bien aumenta la eficiencia de riego, se ve como una solución obvia para disminuir la necesidad de agua, un análisis más amplio revela que esto tiene un importante depende. Es cierto que el riego sin tecnificación genera pérdidas de agua, sobre todo por infiltración, pero si se piensa bien, muchas de esas pérdidas en realidad es agua que llena los acuíferos o que se reingresa aguas abajo y que es aprovechada por otros usuarios. Así, cuando se tecnifica el riego, esta agua supuestamente perdida, es aprovechada por el usuario inicial, dejando de estar disponible para los acuíferos y para los usuarios de aguas abajo, generando un problema de abastecimiento. Con esto no digo que la tecnificación y los embalses sean malos per se, sino que deben estar asociados a una estrategia mayor, basada en un enfoque de cuencas. También es importante dejar de buscar balas de plata porque está demostrado que son más caras y funcionan igual que las tradicionales, excepto que se quieran matar hombres lobo y vampiros, los que no existen”.

CAMBIAN LAS REGLAS DEL JUEGO

El investigador afirmó que hay un grupo particular de tecnologías que son claves para la adaptación: las tecnologías de la información. El cambio climático es en definitiva un cambio en las reglas del juego. A este respecto, la agroecología es una tecnología que aumenta de manera significativa la resiliencia de los sistemas agrícolas, ya que al replicar los ecosistemas naturales se aprovecha el sistema de monitoreo y respuesta adaptativa que estos ecosistemas han pulido en los millones de años de evolución que tienen. Puntualmente Orrego destacó el trabajo realizado por otro investigador de INIA, Cristián Balbontín,  quien está desarrollando en macrotúneles y trabajos con productos hormonales para prevenir la partidura de la cereza.

¿Qué nuevas variedades agrícolas se han logrado introducir en la zona?

Primero hay que desmitificar que los climas del norte se están corriendo hacia el sur es una simplificación un poco gruesa. En realidad, se están configurando climas distintos, aunque hay algunas características deseables para algunas producciones que ahora se están dando más al sur, tales como una mayor acumulación térmica, que permite que puedan llegar a madurez productos que antes no podían hacerlo, o la ampliación de los períodos de sequía estival, que favorecen a algunos frutales. Por lo anterior, no es tan sencillo traer especies o variedades que hoy se dan más al norte, ya que hay que evaluar primero otros factores limitantes que tienen dinámicas distintas, como por ejemplo las heladas o el viento. Sin perjuicio de ello, hay especies típicas del norte que han resultado bien en algunas zonas en la región, principalmente algunas hortalizas, los nogales, las vides y los paltos. Pero insisto con que hay que ser muy cuidadosos en la selección de las variedades y las zonas, sobre todo por el riesgo de heladas durante el periodo sensible, que sigue siendo alto en muchas partes de la región.

¿Hay mayor probabilidad de éxito en el desarrollo de nuevas variedades adaptadas a la sequía con mayor resistencia al déficit hídrico?

De hecho es una característica específica que se está incorporando en las nuevas variedades que se están sacando al mercado. De hecho, y volviendo al tema de las tecnologías, es muy importante que como país se apoye un poco más a los programas de mejoramiento genético, que son claves para desarrollar variedades que respondan mejor al cambio climático en las condiciones chilenas.

¿Qué posibilidades certeras existen de masificar nuevos cultivos entre productores de Biobío? Por ejemplo, nuevas variedades de trigo

Muchas y muy altas, ya que se están desarrollando variedades que al menos en los estudios iniciales dan resultados bastante promisorios. Un ejemplo concreto lo vimos durante noviembre, en Cañete, donde el colega Manuel Muñoz presentó sus avances con la papa Porvenir, la cual además de ser tolerante a la sequía tiene un alto potencial de adaptación a la zona. En trigo y poroto hay también variedades en estudio de las que habrá novedades concretas pronto.

Y al corto plazo, ¿qué variedades tienen posibilidades de desarrollarse?

Bueno además de la papa porvenir, el colega Iván Matus tiene identificadas algunas líneas de trigo primaveral resistente a la sequía. En poroto también hay un desarrollo interesante hecho por el colega Kenyon Tai. Ambos trabajos están bastante avanzados, pero como sabrás los plazos en estos temas son un poco extensos. Ahora, no sólo las variedades nuevas pueden extenderse para responder a la condición de escasez.

Los suelos de la provincia de Biobío, ¿qué posibilidades tienen de incorporar variedades de leguminosas de grano adaptadas a ambientes de secano?

Existe una alta posibilidad técnica de incorporar estas especies. De hecho el cultivo de leguminosas de grano es una actividad que históricamente fue muy tradicional. Sin embargo, el problema es más cultural que técnico. Las nuevas generaciones chilenas consumen menos leguminosas, por lo que se observa una tendencia a la baja en su consumo. Esto se agrava con la competencia con las leguminosas extranjeras, por ejemplo la lenteja canadiense. Esperemos que esto pueda revertirse, aunque suene curioso, fomentar el consumo de leguminosas nacionales, además de ayudar a recuperar una actividad muy tradicional y estratégica respecto de la seguridad alimentaria. Potenciar la alimentación sana, puede ser una importante estrategia de mitigación al cambio climático, ya que las leguminosas de granos nacionales son una alternativa absolutamente competitiva ante productos de mucho mayor huella de carbono como la carne o la soya extranjera.  

La investigación, ¿de qué manera aporta a la provincia de Biobío?  

Es importante recalcar el hecho que la primera y más poderosa herramienta que tenemos para enfrentar el cambio climático es la capacidad de organizarnos, lo que pone en un alto relieve la comunicación y la conversación. En este sentido, la ciencia tiene un rol muy importante, ya que es la única que puede sentar las bases de lo que en realidad está ocurriendo. Por lo anterior, Biobío tiene un importante potencial al respecto, fundamentalmente porque reúne varias voces de alto impacto y en distintas áreas tanto de la investigación relacionada con el cambio climático y/o la adaptación de los cultivos, del desarrollo de la actividad agrícola, y de las visiones más tradicionales, incluyendo a las ancestrales, que tienen mucho que decir al respecto. La región del Biobío se ha caracterizado históricamente por ser articuladora de grandes cambios precisamente por su potencial de reunir a todas estas voces, esperemos estar a la altura de este gran desafío de responder al que quizá es uno de los mayores desafíos que tenemos como especie en nuestra historia.

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