sábado 16 de noviembre, 2019

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Los Ángeles

El gran olvidado: Pedro Ruiz Aldea

Si de deudas de gratitud se trata, Los Ángeles tiene una cuenta pendiente muy abultada con Pedro Ruiz Aldea, el que fuera el primer periodista que tuvo la ciudad y quien, gracias a su empeño, dio inicio a la época de los medios de comunicación a nivel local.


 Por Juan Villalobos

El Guia de Arauco

Y aunque una calle y una escuela llevan su nombre, existe un desconocimiento casi total en lo que fue uno de los aportes más sustantivos al desarrollo de la ciudad. Porque, claro, no fue responsable de la llegada de una importante fábrica o industria que diera empleo a cientos de personas o que hiciera filantrópicos aportes a la comunidad. No, hizo algo mucho más revolucionario: traer la prensa escrita.

Un poco de contexto. En 1864, Los Ángeles era una muy empobrecida villa con unos cuantos miles de habitantes dentro de su área urbana. La mayoría vivía en los campos, la gran parte como inquilinos. Las condiciones de vida en ese tiempo eran muy precarias, incluso para las familias más acomodadas. Se vivía en una condición de virtual aislamiento dada la absoluta ausencia de vías de comunicación expeditas. Viajar de una ciudad a otra eran varios días a caballo o caminando. El ferrocarril, que fue una verdadera revolución para su tiempo, era un sueño aún demasiado lejano en ese entonces.

En ese marco, el 1 de noviembre de 1864, Pedro Ruiz Aldea publicó el primer ejemplar del periódico de Los Ángeles que se llamó “El Guía de Arauco”, cuyo lema era: “Órgano de los Intereses Jenerales (sic) de la provincia”. Ese hito fue el corolario de varios años de colaborar con notas de prensa y columnas de opinión para distintos medios, particularmente de Concepción y Santiago.

Ese hecho no es menor. Por esencia, los diarios y periódicos han tenido una gran virtud: muestran el devenir diario de la ciudad, villa o localidad. Gracias a las publicaciones escritas ha sido posible reconstruir el pasado.  Así se ha conocido como era antes el diario devenir, se expresó  la inquietud por los temas más importantes y se ocuparon desde los asuntos más pedestres hasta los temas más contingentes, pasando por las infaltables contiendas político-electorales.

De ahí su importancia, de ahí la utilidad de ese registro.

“El Guía de Arauco” era un periódico en formato más bien modesto (33 por 21 centímetros) de sólo cuatro páginas. Su último número se publicó el 25 de enero de 1866. Es decir, circuló poco más de un año.

Pero Ruiz Aldea no se quedó ahí. Ese mismo año – 1866 – fundó otro medio de comunicación llamado “El Meteoro”. Su primer número se publicó un 1 de agosto, aparecía sólo los sábados por la tarde y funcionó casi una década (la publicación se cerró el 20 de marzo de 1876).

Como buen periodista, no fue conformista. El mismo se quejaba de haber nacido en una sociedad que no le gustaba, a la que acusaba de “ser la más goda”, aludiendo a su acentuado conservadurismo.  De hecho, fue parte activa en la revolución de 1859, siendo proclamado intendente por Los Ángeles. Sin embargo, vencida la revolución, fue hecho prisionero en esta ciudad y condenado a muerte, pero consiguió que se cambiara la pena por destierro a Estados Unidos. Una ley de amnistía le permitió regresar a fines de 1862.

Pero no sólo fundó los primeros diarios de Los Ángeles. De agudo acento crítico, escribió dos obras, afortunadamente reeditadas en años recientes. Se trata de “Los araucanos y sus costumbres”, en que recoge sus impresiones personales sobre esa etnia -que conoció personalmente-; y “Tipos y costumbres chilenas”, ácidas crónicas de la sociedad y la cultura de aquella época.

Sin embargo, el domingo 24 de abril de 1870, murió sin dejar descendencia. Estaba aquejado por “una tisis tuberculosa”.

Jaime Quezada, su sobrino-nieto, afamado poeta nacional nacido también en Los Ángeles, en uno de sus poemas señala que “la sombra de Pedro Ruiz Aldea se pasea por el pueblo”, aludiendo a su herencia invisible en el devenir de esta comunidad, a la que supo sacudir, promoviendo, por ejemplo, la campaña para que Los Ángeles fuera designada capital de la futura provincia de Biobío.

En el prólogo de la reedición de “Los Araucanos y sus costumbres”, Mario Alarcón Berney concluye señalando que “el hijo de Los Ángeles fue esencialmente un escritor de periódicos, fue un periodista; pero en este género brilló con luz propia: fue un talentoso, sensitivo, dicaz y sutil escritor”.

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