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Fondo de Medios

Enfermero cuenta la experiencia de trabajar en una residencia sanitaria

En la tercera entrega del proyecto del Fondo de Medios de Comunicación Social, proporcionamos el relato de un profesional que labora en la denominada primera línea de la salud, quien debió modificar la forma de trabajar y asumir nuevas responsabilidades en el marco de esta pandemia.


 Por Juvenal Rivera

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Eduardo Almonacid es un enfermero de 29 años que integra el Colegio de Enfermeras de Chile. Desde que comenzó la crisis sanitaria, ciertamente que ha debido lidiar a diario con el Covid-19, como parte de la denominada primera línea de la salud.

Después de trabajar en una clínica en Los Ángeles y en el Hospital de Angol, ahora lo hace en una de las residencias sanitarias que el Ministerio de Salud implementó en la provincia de Biobío, para que las personas con Covid-19 realicen su cuarentena sin poner en riesgo la salud de sus familiares.

Con una capacidad para albergar a 31 usuarios, el hotel La Turbina –en la localidad de Coihue, comuna de Negrete– es uno de los que, hoy, funciona como residencia sanitaria, llegando a tratar a unos 25 pacientes a la vez con la enfermedad.

Para que una persona pueda usar esos espacios se deben cumplir varios requisitos. Según Eduardo, “no tiene que ser un paciente que esté grave ni descompensado, ni que tampoco se pueda descompensar en el corto plazo. Por eso es vital la evaluación médica previa a su ingreso; durante su estadía también se evalúa su estado, contamos con médicos que hacen rondas todos los días”.

Además de la enfermera coordinadora, son cuatro enfermeras y enfermeros los que trabajan a diario en esta residencia sanitaria bajo la modalidad de 4° turno, luego de que la Seremi de Salud solicitara la labor de estos profesionales al interior de ellas. Esto, con el objetivo de mantener alerta temprana en caso de que un paciente se pudiese descompensar, a fin de poder trasladarlo a algún centro hospitalario en caso de ser necesario.

Dentro de las labores que Almonacid realiza a diario está la coordinación de traslado de pacientes, además de preocuparse de brindar respuesta a temas administrativos, la solicitud de medicamentos y el ingreso de los pacientes a la residencia sanitaria.

Con respecto a trabajar en una residencia sanitaria, “la experiencia ha sido súper buena porque uno hace muchas gestiones en los turnos. Lo que más destaco es el rol administrativo y de gestión del enfermero, más que lo clínico”.

A todo ello se suma a la atención que se brinda a los pacientes y, en caso de padecer una descompensación, gestionar la visita del médico para que lo chequee, además de coordinar su traslado a otra residencia o al Complejo Asistencial en caso de ser necesario.

“La gestión es un papel clave. Por lo mismo, la Seremi (de Salud) solicitó el trabajo de profesionales de Enfermería como una forma, además, de proporcionar un cuidado más holístico a los pacientes. Se habla harto de la continuidad del cuidado; desde antes de recibir a un paciente, nosotros ya sabemos cómo llegará, qué es lo que tiene y cuándo llega, e intentamos brindarle una atención lo más completa posible”, comentó Almonacid.

Asimismo, destacó la importancia que se le otorga a la atención psicológica, facilitando su acceso a todos los usuarios que la requieran. Al ser el Covid-19 un virus de rápida propagación, quienes están en una residencia sanitaria no pueden recibir visitas.

Partiendo de la base de la importancia del apoyo familiar en el proceso de recuperación, quienes deben realizar cuarentena en una de ellas pueden tener contacto con sus seres queridos a través de videollamadas.

En el caso de que un paciente no tenga acceso a un smartphone o teléfono inteligente, las residencias sanitarias cuentan con tablets para que los usuarios se comuniquen con sus más cercanos.

El promedio de tiempo que una persona pasa en una residencia sanitaria es el periodo que dura la cuarentena obligatoria, es decir, 14 días. Sin embargo, puede extenderse dependiendo de la recuperación del paciente, y en caso de continuar con alguno de los síntomas, su estadía puede alargarse unos tres o cuatro días.

Almonacid explicó que la función de las residencias sanitarias radica en brindar un espacio para quien no puede realizar la cuarentena en su casa en caso de que sea Covid positivo, ya sea porque no cuenta con habitaciones adicionales, la vivienda tiene un solo baño y/o existe historial de hacinamiento, entre otros factores.

De igual forma, agregó que para ingresar a uno de los recintos, el proceso comienza cuando una persona concurre a un servicio de salud porque presenta síntomas o tiene sospechas de padecer coronavirus. En dicho recinto se le realiza el examen y si el resultado es positivo, la Seremi de Salud realiza todo el seguimiento y trazabilidad de los casos.

Así es como se le informa al paciente, y si no puede efectuar cuarentena en su hogar, se le brinda la opción de que pueda irse a una residencia sanitaria. Ahí, es la Seremi de Salud la encargada de hacer esta gestión.

INICIOS DE LA PANDEMIA

Almonacid reconoció que, al comenzar la pandemia, sintió –al igual que la gran mayoría de los profesionales del área de la salud– temor a contagiarse él o a su familia. Sin embargo, esta sensación fue disminuyendo conforme avanzaron los meses.

Con el tiempo, “uno dispone de información, de conocimientos y de todo lo necesario para afrontar esta crisis sanitaria de la mejor forma posible. Uno se siente seguro trabajando, y cuando el protocolo se cumple y los equipos son afiatados, entre todos nos cuidamos; cuando hay supervisión, desde lo más básico hasta lo más complejo, todo eso hace que uno se sienta seguro, ya que el riesgo de contagio se minimiza”, relató el joven enfermero.

Eduardo vive en Nacimiento junto a sus padres y reconoció que su familia no ha tenido temor al contagio y que, hasta el momento, tampoco se ha dado. “No hemos tenido problema con eso; además, en el trabajo hay un lugar de acceso y otro de salida. Todos nos vamos duchados y cambiados de ropa, la que queda en el trabajo. El uniforme se guarda en una bolsa aparte y se cierra. Cuando llego a casa, entro por una zona especial y dejo toda la ropa ahí para, después, ir nuevamente a la ducha, y la ropa que llevo puesta, la lavo de inmediato. Gracias a Dios no he tenido ningún síntoma y en mi casa están las condiciones como para evitar el contagio; puedo utilizar un baño y un dormitorio solo”, relató Eduardo.

De igual forma, sostuvo que cuentan con todos los elementos de protección personal para realizar su trabajo de la mejor forma posible, adoptando todas las medidas para evitar el contagio. Entre ellas, la sanitización de los hoteles que funcionan como residencias sanitarias, además de la ropa de cama y basureros, y de todo lo que podría representar un potencial foco de contagio.

Asimismo, expresó que este periodo lo ha tomado como un desafío enorme y con mucha responsabilidad. Añadió que “uno tiene que ser una persona muy responsable, tanto en el cuidado que uno le da al paciente como el cuidado de uno mismo y el que se le brinda a nuestras familias, para evitar contagiarlas. Para mí ha sido un orgullo trabajar en esto; me he sentido muy realizado, sobre todo en medio de una pandemia, que será algo histórico; como profesional ha sido un desafío enorme y muy enriquecedor”.

Además, reconoció que su trabajo de enfermero ha tenido de dulce y agraz. Sin embargo, lo que lo mueve es poder ayudar a las personas; “he visto pacientes muy graves, que los he tenido que hospitalizar, los he subido a la UCI y que, lamentablemente, han fallecido. Eso afecta harto, el ver a un paciente que no lo recibes bien, con mucha dificultad respiratoria, con mucho dolor muscular y después fallecen. Es duro para uno como profesional saber que un paciente que uno atendió murió, pero ahí está la entereza; si no estuviéramos nosotros, ¿quién va atender a la gente?”.

Por otro lado, después de ver que un usuario estuvo tan mal, entubado durante tres semanas o un mes, y luego se recupera, “uno se alegra mucho, se siente realizado, se siente bien”, puntualizó Almonacid.

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