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Salud mental y Covid-19: ¿qué hacer frente a la emergencia de la pandemia?


 Por La Tribuna

71, adultos mayores

En una emergencia como un terremoto o una pandemia, es común que las personas se sientan estresadas y preocupadas, lo cual se expresa de distintas maneras.

Las respuestas comunes de las personas afectadas –tanto en forma directa como indirecta– van desde el miedo a enfermar y morir hasta las sensaciones de desamparo, aburrimiento, soledad y depresión debido al aislamiento,

Es normal escuchar que hay quienes evitan acercarse a centros de salud por miedo a infectarse mientras reciben atención. Otros temen perder su fuente de sustento o no han podido trabajar debido al aislamiento, y a ser despedidos de su trabajo.

También se manifiesta en el temor e impotencia al querer proteger a los seres queridos y miedo a perderlos debido al virus o al estar separadas de estos debido al régimen de cuarentena.

Sin embargo, en el caso específico del Covid-19, hay factores específicos de estrés que afectan a los integrantes de la población que son el riesgo de estar infectados e infectar a otros, en especial si el modo de transmisión no es 100% claro.

Además, los síntomas comunes de otros problemas de salud (por ej., una fiebre) pueden confundirse con el coronavirus y provocar miedo a estar infectado.

También, los cuidadores pueden sentirse cada vez más preocupados porque sus hijos estén solos (debido al cierre de las escuelas) sin el cuidado ni el apoyo adecuados.

Asimismo, está el riesgo del deterioro de la salud física y mental de personas vulnerables, como los adultos mayores y las personas con discapacidades, si sus cuidadores fueran enviados a cuarentena y no dispusieran de otros cuidados y apoyo.

El constante miedo, preocupación y los factores de estrés en la población durante el brote de Covid-19 pueden tener consecuencias a largo plazo en las comunidades y familias:

  • Deterioro de las redes sociales, las dinámicas y economías locales.
  • Estigma hacia los pacientes que tuvieron la enfermedad, lo que puede causar el rechazo por parte de las comunidades.
  • Posible enojo y agresión contra el gobierno y los trabajadores de primera línea.
  • Posible falta de confianza en la información que brinden el gobierno y otras autoridades.
  • Recaídas y otras consecuencias negativas en personas con trastornos de la salud mental y abuso de sustancias existentes o en desarrollo, debido a que evitan concurrir a centros de salud o no pueden acceder a sus cuidadores profesionales.

Algunos de estos miedos y reacciones surgen de peligros reales, pero muchas reacciones y comportamientos emergen también de la falta de conocimiento, los rumores y la información falsa.

Puede haber estigma y discriminación social en relación con el Covid-19 que incluya a las personas infectadas, sus familiares y los trabajadores de la salud, así como otros trabajadores de la primera línea.

Se deben tomar medidas para abordar el estigma y la discriminación en todas las etapas de la respuesta de emergencia al Covid-19. Se debe tener cuidado de promover la integración de las personas que se vieron afectadas por el Covid-19 sin hacer foco excesivamente en ellas.

Desde una perspectiva más positiva, algunas personas pueden atravesar experiencias más favorables, como el orgullo de haber encontrado formas de afrontar un problema y su resiliencia.

Frente a los desastres, los miembros de una comunidad muestran con frecuencia un gran altruismo y cooperación, y puede que sientan una gran satisfacción al ayudar a otros. Algunos ejemplos de actividades pueden incluir:

  • Mantener contacto social con personas que pueden estar aisladas mediante llamadas telefónicas o mensajes de texto.
  • Compartir mensajes informativos clave dentro de la comunidad, en especial con las personas que no utilizan las redes sociales.
  • Brindar cuidados y apoyo a personas que han sido separadas de sus familias y cuidadores.

CÓMO APOYAR A LOS ADULTOS MAYORES

Los adultos mayores, en especial aquellos que se encuentran en aislamiento o padecen deterioro cognitivo/demencia, pueden volverse más ansiosos, enojados, estresados, alterados, recluidos, excesivamente desconfiados durante el brote o la cuarentena.

Por lo mismo, se sugiere proporcionar apoyo emocional a través de redes informales (familias) y profesionales de la salud mental.

Se pueden compartir datos simples sobre lo que está ocurriendo y brindar información clara sobre cómo reducir el riesgo de infección en un lenguaje que las personas mayores con o sin discapacidad cognitiva puedan comprender. Si es necesario repetir la información, hay que hacerlo.

Las sugerencias a continuación se aplican por lo general a las personas mayores que residen en comunidad.

Los adultos mayores son particularmente vulnerables al Covid-19 dadas sus fuentes de información limitadas, sistemas inmunitarios más débiles y la tasa de mortalidad más alta observada en la población mayor.

Se debe prestar especial atención a los grupos de alto riesgo, es decir, las personas mayores que viven solas o sin parientes cercanos; que tienen una condición socioeconómica baja y/o afecciones de salud de comorbilidad, como deterioro cognitivo o demencia u otras afecciones de la salud mental.

Es necesario informar a las personas mayores con deterioro cognitivo leve o demencia en etapa temprana sobre lo que está ocurriendo dentro de la medida de su capacidad y brindar apoyo que alivie su ansiedad y estrés.

En cuanto a las personas con deterioros moderados o demencia en etapas avanzadas, se deben satisfacer sus necesidades cotidianas y médicas durante el periodo de cuarentena.

Se deben satisfacer las necesidades médicas de los adultos mayores con o sin Covid-19 durante el brote. Esto incluye el acceso ininterrumpido a los medicamentos esenciales (para la diabetes, el cáncer, enfermedades renales, entre otras).

Se pueden utilizar servicios de telemedicina o servicios médicos en línea para prestar los servicios médicos necesarios.

Además, se debe brindar a todas las personas mayores aisladas o infectadas, información verídica sobre los factores de riesgos y sus posibilidades de recuperación.

Las personas mayores pueden tener acceso limitado a las aplicaciones de mensajería, como WhatsApp.

Los adultos mayores deben recibir información fidedigna accesible y datos sobre el brote, el avance, el tratamiento de Covid-19 y estrategias eficaces para evitar infectarse.

La información debe ser de fácil acceso, es decir, clara, en lenguaje simple, en letra grande, además de provenir de fuentes múltiples y fiables (medios de comunicación públicos, redes sociales y organizaciones de salud confiables) para evitar comportamientos irracionales como surtirse de hierbas medicinales ineficaces.

La mejor forma de comunicarse con las personas mayores es a través de sus teléfonos o en visitas personales periódicas (si fuera posible). Se debe alentar a los familiares o amigos a llamar a sus parientes mayores con regularidad y enseñarles a las personas mayores cómo utilizar las videollamadas (video chat).

Es posible que las personas mayores no estén familiarizadas con el uso de dispositivos de protección o métodos de prevención o que se nieguen a usarlos. Por lo mismo, las instrucciones sobre cómo usar dichos dispositivos se deben comunicar de forma clara, concisa, respetuosa y paciente.

También es posible que las personas mayores no sepan cómo utilizar los servicios en línea, como las compras en línea de sus provisiones cotidianas, consultas, líneas de ayuda o atención de la salud.

Se debe brindar a las personas mayores información y explicarles cómo obtener asistencia práctica si la necesitaran, como un taxi o la entrega de alimentos.

La distribución de bienes y servicios materiales de prevención (por ejemplo, mascarillas y desinfectantes), provisiones de alimentos suficientes y el acceso a transporte de emergencia puede reducir la ansiedad en la vida cotidiana.

Se debe sugerir a las personas mayores algunos ejercicios físicos que puedan realizar en sus hogares mientras realizan la cuarentena para mantener su movilidad y reducir el aburrimiento.

MENSAJES Y ACTIVIDADES PARA AYUDAR A LOS NIÑOS

Los niños pueden responder a una situación difícil o desestabilizadora de distintas formas, como aferrarse a sus padres o cuidadores, sentirse ansiosos, retrotraerse, sentirse enojados o alterados, tener pesadillas, mojar la cama, tener cambios de humor frecuentes, entre otros.

Por lo general, los niños se sienten aliviados si pueden expresar y comunicar sus sentimientos e inquietudes en un entorno seguro y comprensivo. Cada niño tiene su propia forma de expresar sus emociones. A veces, abocarse a actividades creativas, como jugar y dibujar, puede facilitar este proceso.

Por lo mismo, se debe ayudar a los niños a buscar formas positivas de expresar sus sentimientos de inquietud, como el enojo, el miedo y la tristeza.

También hay que fomentar un ambiente de mayor atención y sensibilidad en torno a los niños. Ellos necesitan el amor de los adultos y, con frecuencia, mayor atención durante tiempos difíciles.

Hay que recordar que los niños suelen captar las señales emocionales de los adultos importantes en sus vidas, es por eso que la forma en que los adultos respondan a la crisis es muy importante. Es fundamental que los adultos manejen bien sus propias emociones y permanezcan en calma, escuchen las preocupaciones de los niños, les hablen con amabilidad y los tranquilicen.

Si corresponde y, dependiendo de la edad, se puede alentar a los padres o cuidadores a abrazar a sus hijos y repetirles que los aman y están orgullosos de ellos. Esto los hará sentir mejor y más seguros.

Si fuera posible, crear oportunidades para que los niños jueguen y se relajen. Se debe mantener a los niños cerca de sus padres y familia, si se considera seguro para el niño, y evitar separar a los niños de sus cuidadores en la mayor medida posible. Si es necesario separar a un niño de su cuidador primario, se debe asegurar que haya una alternativa de cuidado adecuada y que un trabajador social, o equivalente, realice un seguimiento periódico del niño.

Si se separa a los niños de sus padres o tutores, se debe asegurar un contacto periódico y frecuente (por ej., vía telefónica o por videollamadas) y transmitir confianza. Se debe asegurar que se satisfagan todas las medidas de protección y preservación de la infancia.

Es fundamental mantener las rutinas y cronogramas habituales en la mayor medida posible o ayudar a crear nuevas rutinas en un nuevo entorno, que incluyan aprendizaje, juego y relajación. Si fuera posible, mantener las tareas, el estudio u otras actividades rutinarias que no pongan en peligro al niño o vayan en contra de las autoridades sanitarias. Los niños deben continuar asistiendo a la escuela si no implica un riesgo para su salud.

Es importante entregar datos simples sobre lo que está ocurriendo y brindar información clara y adecuada para niños sobre cómo reducir el riesgo de infección y mantenerse seguros en un lenguaje que ellos puedan comprender.

Ayuda bastante si se demuestra a los niños cómo pueden mantenerse seguros (por ejemplo, explicarles la forma eficaz de lavarse las manos).

Es muy importante evitar especular sobre rumores o información no verificada frente a los niños y brindarles información sobre lo que ocurre o podría ocurrir de una forma tranquila, honesta y adecuada para su edad.

Las actividades deben enseñarles sobre el virus, pero también mantener a los niños en actividad cuando no están en la escuela, por ejemplo:

– Juegos para lavarse las manos con rimas.

– Historias imaginarias sobre cómo el virus explora el cuerpo.

– Hacer que la tarea de limpiar y desinfectar la casa sea un juego divertido.

– Hacer dibujos de virus/microbios para colorear.

– Explicar a los niños sobre los equipos de protección personal, como las mascarillas, para que no se asusten.

ACTIVIDADES PARA ADULTOS EN AISLAMIENTO

Durante la cuarentena, siempre que sea posible, se deben brindar canales seguros de comunicación para reducir la soledad y el aislamiento psicológico.

  • Ejercicio físico (por ejemplo, yoga, tai-chi, estiramiento).
  • Ejercicios cognitivos.
  • Ejercicios de relajación (por ejemplo, respiración, meditación, concientización).
  •  Leer libros y revistas.
  •  Reducir el tiempo ocupado en ver imágenes negativas en la TV.
  •  Reducir el tiempo ocupado en escuchar rumores.
  •  Buscar información en fuentes confiables.
  •  Reducir el tiempo utilizado en buscar información (una a dos veces por día, en lugar de a cada hora).
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