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Finde

La vez que cobraron por entrar a visitar a los pacientes del Hospital de Los Ángeles

No fueron fáciles los primeros años para el recinto de salud que, en una decisión extrema, adoptó esta medida con el fin de paliar los gastos de atención y alimentación.


 Por Juvenal Rivera

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El Hospital de Los Angeles, hoy llamado pomposamente “Complejo Asistencial Dr. Víctor Ríos Ruiz”, ha tenido una historia nada de fácil prácticamente desde siempre. De hecho, en sus inicios, hacia 1842, la construcción levantada en ese tiempo fue tan precaria que los cronistas de la época la tildaron, sin tapujo alguno, como una “rancha miserable”.

Debieron pasar más de 20 años para que las presiones de las autoridades locales surtieran efecto y se retomara la idea de tener un recinto asistencial que se encargara de los más pobres y menesterosos.

En 1865 se comenzó la construcción del Hospital de Caridad “San Sebastián” en un terreno de 16 hectáreas donde se levantó un edificio que tenía 67 metros de frente, dividido en tres alas. Seis años después, ese hospital no se había terminado. En atención del hospital, desde 1874 empezaron a trabajar las religiosas de la orden de la caridad, permaneciendo allí hasta 1985.

Estas religiosas jugaron un papel muy importante en la administración de servicios, cocina, ropería, persona e ingresos del hospital. Una de ellas, tal vez la más querida y recordada de todos, fue Sor Vicenta, que hoy vive en el recuerdo de la ciudad en la denominación de la avenida que lleva su nombre.

El hospital estuvo bajo una permanente condición de precariedad. En sus inicios, se sustentaba en ingresos municipales, testamentos y otros servicios, como los arriendos de los terrenos entregados para su usufructo.

La administración de los fondos para el hospital, postas y vacunatorios era responsabilidad de un ente destinado a tal fin: la Junta de Beneficencia de Los Ángeles, que debía hacer malabares para atender a los pacientes en una población que crecía de manera paulatina y que también debía hacer frente a las epidemias que asolaban la población, como la viruela, la tifus exantémica y el cólera asiático, que dejaron un reguero de enfermos y muertos en sus sucesivas oleadas.

Así y todo, el edificio del hospital se fue construyendo progresivamente, a medida que contaba con recursos, extendiendo sus estructuras hacia el oriente. En 1890 se instaló el lazareto, que era un edificio de madera de buena factura que perduró hasta 1985, cuando fue demolido.

Sin embargo, en la década del 20 la situación económica era tremendamente angustiante. De ahí que los encargados del Hospital de Los Ángeles decidieran tomar una medida radical: ni más ni menos que se cobraría por entrar a visitar a los pacientes.

En una carta enviada por el doctor Ernesto Márquez a la redacción del diario El Siglo, fechada el 4 de julio de 1922, el facultativo explicita que se necesita dinero “para invertirlo en la alimentación de los enfermos del hospital”. En consecuencia, desde el 1 de ese mes, “se ha puesto en práctica el siguiente acuerdo relativo a las visitas de los pacientes”.

Estos son los acuerdos:

Domingo, de 1 a 2 PM, entrada libre.

Otros días, de 1 a 2 PM, el visitante pagará veinte centavos por la entrada.

A otra hora, la entrada vale 1 peso.

En la publicación no se indica cuánto tiempo duró ese cobro por visitar a los pacientes. Lo que sí se sabe es que a fines de ese mismo año (1922), el doctor Márquez cedió su cargo de administrador del hospital a su colega Víctor Ríos Ruiz, quien venía de ser diputado por Biobío.

En 1924, gracias a donaciones de la colonia española residente, se abrieron las salas exclusivas para niños, aparte de las de adultos. Otro tanto ocurrió en 1930 con las atenciones de urgencia.

Con la Ley de Seguro Obligatorio por Accidentes del Trabajo, en 1924 se estableció un nuevo servicio de atención médica que, 10 años más tarde, adquiriría importancia en recursos y administración: la Caja de Seguro Obrero, con su consultorio actualmente conocido como “Del Seguro Viejo”, ubicado en la esquina nororiente de la avenida Ricardo Vicuña con Colón.

En 1951, desaparece la junta de vigilancia que administraba el recinto asistencial bajo un marco caritativo, y lo entrega al Servicio Nacional de Salud, que se hace cargo hasta 1984. Desde ese año en adelante, el hospital es parte de la red de atención del Servicio de Salud de Biobío (y, por cierto, no se cobra entrada para visitar a los pacientes).

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