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Sastrerías: un oficio extinto en Los Ángeles

El último de ellos fue Bartolomé Sagredo que tenía su taller por calle Villagrán, poco antes de llegar a Lautaro, que se llamaba “El Corte Moderno”. Don Bartolomé murió trabajando en 2007.


 Por Juvenal Rivera

HBB, sastrerías de los Angeles-2 (2)

En un papel de cuaderno escrito a mano que está pegado a una vitrina, a la vista del público que ingresa a un local, se hace una acotada mención a las sastrerías que existían en Los Ángeles de mediados del siglo pasado.

En ese trozo de papel, su autor, el comerciante Mario Lama rememora una época muy distinta en nuestra capital provincial.  Apelando a su buena memoria, cuenta que a mediados de los años ’50, la calle  Almagro era el mayor centro de la actividad comercial.

Todo tipo de tiendas surtían a los angelinos, a los que sumaban los habitantes de los sectores rurales y de las comunas vecinas. Se encontraban La Olletita, La Bota Roja, La Batalla, El Martillo y La Covadonga, entre muchos otros. Solo unos pocos, muy pocos, persisten en la actualidad.

Entre todos esos establecimientos, destacaban las sastrerías, lugares donde los caballeros cumplían con el rito de hacerse la ropa justo a la medida. Implicaba un proceso que partía con la selección de las telas, la toma de las medidas correspondientes y la confección de las prendas de vestir.

Hacerse la ropa era un protocolo que era llevado a cabo con destreza por el sastre que podía ser formado en la práctica diaria o en las escuelas de oficios donde se enseñaban los secretos del buen vestir.

Mario Lama rememora a varios de esas sastrerías, la mayoría de las cuales estaban por la calle Almagro. Cita a Giménez, Calle Hermanos (de los españoles Eugenio y Nicolás Calle), La Mendocina, Indart, Novales, Oyarzún, Maldonado, Riquelme, Artés, Pardo, Rojas, Sagredo, Valdebenito y Marzuca (se apodaba a sí mismo con el León de la Tijera en los avisos publicados en la prensa de ese tiempo), nombres que anotó en ese papel escrito en la vitrina de su local en calle Villagrán, en el costado norte del estero Quilque.

También, como un pequeño tesoro, exhibe en esa misma vitrina una tijera de cerca de 100 años que fue usada por Bernardo Indart, de quien Lama recuerda no solo que fue un reconocido sastre sino que también fue suegro de Jaime Suárez, que llegara a ser ministro del Interior de Salvador Allende y después senador en representación de Biobío y Malleco.

Los recuerdos de Mario Lama se suman uno tras otro. Para él, no hay dudas que los mejores sastres fueron Rolando Núñez y Carlos Rojas, quienes aprendieron todos los secretos de la especialidad en la Escuela Nacional de Artes y Oficios.

Sin embargo, también menciona que en la década del ’50 fue cuando se comenzó a producir el cambio en los hábitos de los clientes. Es que en ese mismo tiempo empezaron a aparecer las primeras tiendas de “ropa hecha”. Ya en los ’80, con el surgimiento de las multi-tiendas de cobertura nacional, esta opción se tornó en la habitual, dejando de lado el tiempo, dedicación y costos que debía emplearse con un sastre.

Al cabo, muchos abandonaron el oficio. Otros tantos siguieron hasta que las fuerzas los acompañaron. No hubo tampoco quien quisiera tomar la posta dejada por los sastres en muchas décadas de tradición.

El último de ellos fue Bartolomé Sagredo que tenía su taller por calle Villagrán, poco antes de llegar a Lautaro, que se llamaba “El Corte Moderno”. Don Bartolomé murió trabajando en 2007.

Lo que nadie supo en ese momento es que con su partida, se terminó uno de los oficios más nobles, el mismo que permitió vestir a decenas de caballeros de Los Ángeles.

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