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Finde

Cómo se celebró la llegada del año 1943 en Los Ángeles


 Por Juvenal Rivera

Celebraciones (1)

“Hoy hay una fiesta que es maravillosa”, anota Alfonso Calderón Squadritto en su diario de vida. Quien después sería un destacado escritor reconocido con el Premio Nacional de Literatura otorgado en 1998, tiene 12 años cuando comienza a describir la celebración del año nuevo en la ciudad de Los Ángeles, allá por el año 1942.

Calderón – fallecido en 2009 – residió parte de su niñez y adolescencia en esta capital provincial y cultivó amistades y recuerdos de esa zona, las cuales llevó a su libro “La valija de Rimbaud: Diarios 1939-1951”.

La ciudad de aquel entonces ciertamente que era muy distinta a la actual. Su población apenas superaba los 10 mil habitantes y estaba constreñida a un cuadrante formado por la villa Hermosa por el norte, la calle Villagrán por el oriente, la calle Ercilla/Lord Cochrane por el poniente y la avenida Vicuña Mackenna, por el sur.

El Teatro Municipal – hoy Casa de la Cultura – de la calle Caupolicán había sido inaugurada un par de años antes. Eran los tiempos de locales como la Pastelería Saure, la panadería Central, el Club  Radical, el bar del Hotel de France, el bar Mundial y el Centro Español.

Recién, algunos años antes, se había iniciado la agricultura de manera intensiva gracias a la red de riego que se echó a andar en 1925. No habían grandes fábricas, salvo la Chiprodal y un par de fábricas conserveras.

En los años 40 se estaba iniciando uno de los fenómenos sociales más importantes del siglo pasado: la migración campo-ciudad que generaría las conocidas poblaciones callampa.

Ese año 1942 fue excepcional para Los Ángeles. Porque los festejos del segundo centenario, que debían realizarse en 1939, se postergaron para ese año debido al violento terremoto que dejó en el suelo a la ciudad de Chillán.

Siendo niño llegado recién en 1940 a esta capital provincial, Calderón iba anotando en su diario de vida los principales hitos de su vida adolescente en la ciudad de Los Angeles.

Dentro de esos registros rememora lo que fueron las celebraciones de la llegada del año 1943, de esa noche en que se cerró la calle Colón, desde Lautaro hacia el norte, para dar paso a las celebraciones y los abrazos.

31 DE DICIEMBRE DE 1942

Hoy hay una fiesta que es maravillosa. Han cerrado la calle Colón desde la Caja de Ahorro hasta el almacén de los gringos Frindt y han puesto mesas y sillas para comer, alegrarse y bailar. Creo que le llaman “alegrarse” a curarse.

Como nosotros vivimos en la mitad de la cuadra, nos instalamos en el balcón y vemos a todos. Es muy entretenido. Mi papá le hace comentarios en voz baja a mi mamá para que yo no oiga. Mis hermanos, Adriana y Enrique como son chicos, están muy aburridos y bostezan, pero la mamá trajo una torta moka que ella preparó y Aloja y nos estamos divirtiendo.

Cuando comienzan a local la Niña de la Ventera, ya sé que mi papá arruga la nariz y dice lo que he contado en mi diario. Lo de traer al doctor Petersen. Salen botellas de champaña a las doce de la noche, la gente se abrazas como niños chicos y salen del Club Radical algunos que yo conozco por el fútbol.

Vi como hasta la una y después me fui a acostar, pero como no tenía nada de suelo, comencé a oír la radio, una de Argentina, el Mundo. Tocaba en el Luna Park de Buenos Aires que es algo así como un teatro para el deporte, la orquesta de Francisco Canaro. Me gustó mucho un tango que decía: “¡Qué ganas de llorar!”. Después de un monólogo cómico con Luis Sandrini y Olinda Bozán y la fiesta seguía cuando me dormí. El papá dice que me tapó y apagó la radio, que ya hervía de sonar y sonar.

¡Feliz Año 1943!

Los abrazos los dos mañana.

“La valija de Rimbaud: Diarios 1939-1951”.

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