Editorial

Un fenómeno que se niega a desaparecer

Lluvia de agosto, Archivo La Tribuna
Lluvia de agosto / FUENTE: Archivo La Tribuna

El temporal de viento y lluvia que afectó a la región y provincia de Biobío durante la jornada de Fiestas Patrias del sábado 19 de septiembre, no hizo más que reforzar el concepto de inestabilidad climática que han acuñado expertos en el tema, intentando explicar las variables estacionarias y los cambios bruscos que en ocasiones provocan lamentables efectos en la calidad de vida de la población.

De acuerdo al último informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), publicado el pasado 2 de septiembre, el planeta superará previsiblemente el límite de 1,5 grados de calentamiento global en los próximos años. Sin embargo, algunos optimistas señalan que todavía es posible reducir las temperaturas bajando ese umbral; por el contrario, otros escenarios apuntan a un calentamiento superior a los dos grados.

El informe advierte que cada fracción adicional de grado por encima de los 1,5 grados, intensificará los fenómenos meteorológicos extremos y aumentará el riesgo de superar puntos de inflexión irreversibles. En otras palabras, las personas deberán seguir enfrentando grandes olas de calor, riesgos de incendios e inundaciones en épocas del año poco usuales.

En este contexto, cuando hoy el calendario marca oficialmente el inicio de la primavera, el paisaje en buena parte de Chile se mantiene vestido de invierno. El paso de una estación a otra llega con el sello del fenómeno de El Niño, evento climático que lejos de retroceder, pareciera que se consolida con precipitaciones extemporáneas, inestabilidad atmosférica y la latente amenaza de eventos meteorológicos intensos.

Por ello, ante la persistencia de precipitaciones y vientos inusualmente concentrados, con sus correspondientes consecuencias, surgen desafíos urgentes tanto para el sector urbano como rural.

La infraestructura vial y los sistemas de drenaje fluvial se verán nuevamente puestos a prueba. Asimismo, el riesgo de fuertes lluvias y vientos intensos pondrán en jaque la floración y el trabajo de la temporada, generando necesariamente la atención de las autoridades para asimilar los daños a los procesos productivos de distintos sectores, planteando soluciones concretas ante de las demandas que de seguro comenzarán a surgir.

De igual manera, el compromiso y la responsabilidad de la comunidad en el correcto uso de los recursos y el cuidado de su entorno, también serán fundamentales a la hora de esperar resultados más alentadores.

Hacer frente a los próximos meses en medio de este escenario, deberá requerir una clara planificación estratégica, que permita en parte mitigar los efectos de un fenómeno que se niega a desaparecer.

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