Editorial

Memorial de Amor Eterno

Memorial de Amor Eterno, Archivo La Tribuna
Memorial de Amor Eterno / FUENTE: Archivo La Tribuna

Hay pérdidas para las que pareciera que nunca encontramos las palabras adecuadas. La muerte de un hijo durante la gestación o poco después de nacer es una de ellas. Durante mucho tiempo fue, además, una experiencia vivida casi exclusivamente en la intimidad de las familias, con escasos espacios sociales para reconocer el dolor que significa.

Por eso, el Memorial de Amor Eterno en el Cementerio General de Los Ángeles tiene una dimensión que trasciende la construcción de una obra física. Impulsado por la ONG Estrellas Biobío y ejecutado por la Municipalidad de Los Ángeles, el espacio nació precisamente de una necesidad planteada por familias que buscaban un lugar donde recordar a sus hijos e hijas.

La agrupación reúne actualmente a cerca de 40 familias de la provincia, a quienes entrega apoyo y contención frente a una muerte gestacional o neonatal. Detrás de esa cifra existen historias personales, expectativas interrumpidas y procesos de duelo que muchas veces han debido transitarse sin que el entorno comprenda completamente su magnitud.

Si bien, la Ley Dominga estableció medidas especiales de contención, empatía y respeto frente a la muerte gestacional o perinatal, muchas de las mujeres que hoy forman parte de Estrellas Biobío vivieron sus pérdidas antes de que existiera esta normativa y, por tanto, cuando el acompañamiento era todavía mucho más limitado.  Aquello permite comprender por qué disponer de un lugar concreto tiene tanta relevancia.

El duelo necesita tiempo, pero también reconocimiento. Necesita que la sociedad comprenda que la ausencia existe, aunque una vida haya sido breve o incluso no haya alcanzado a desarrollarse fuera del vientre materno. Para una madre, un padre y una familia, ese hijo tuvo un nombre, generó expectativas, proyectos y afectos. Minimizar esa pérdida o intentar apresurar su superación puede profundizar un dolor que ya es difícil de expresar.

En ese sentido, contar con un espacio donde dejar una flor, detenerse unos minutos o simplemente encontrar el nombre de un hijo adquiere un profundo valor simbólico. También existe aquí una enseñanza para nuestra comunidad. Acompañar el duelo perinatal no corresponde exclusivamente a los establecimientos de salud ni termina con la existencia de una legislación. Es una tarea que involucra la manera en que familiares, amigos, instituciones y la sociedad en general aprendemos a relacionarnos con quienes atraviesan esta experiencia.

Los Ángeles contará próximamente con un lugar físico para esa memoria, pero quizás el desafío más importante sea construir, al mismo tiempo, un espacio social donde estas familias puedan hablar de sus hijos, recordarlos y vivir su duelo sin tener que explicar por qué todavía duele.  Hay ausencias que no necesitan ser olvidadas para poder seguir adelante. Necesitan, simplemente, encontrar un lugar donde ser reconocidas.

Etiquetas:




matomo