Editorial

Un arancel que trasciende al sector forestal

Plantaciones de pino, Archivo La Tribuna
Plantaciones de pino / FUENTE: Archivo La Tribuna

La decisión de Estados Unidos de imponer un arancel adicional a una parte de los productos forestales chilenos representa una señal de alerta para una de las industrias más relevantes del país y, particularmente, de nuestra región. Aunque la medida aún será objeto de gestiones diplomáticas y técnicas para intentar revertirla, sus posibles efectos invitan a reflexionar sobre la importancia estratégica que tiene este sector para el desarrollo regional.

Según lo planteado por la Corporación Chilena de la Madera (Corma), la determinación se adoptó pese a que Chile presentó antecedentes técnicos y jurídicos para demostrar que su realidad laboral es muy distinta a la de los países donde sí se han acreditado prácticas de trabajo forzoso. El gremio sostiene que la industria forestal nacional opera bajo una estricta legislación laboral, con fiscalización permanente y certificaciones internacionales que respaldan sus procesos.

Más allá de la controversia jurídica, el impacto económico es lo más preocupante. La aplicación de este gravamen afecta la competitividad de productos como molduras, puertas, paneles encolados, entre otros; todos con una importante participación en las exportaciones chilenas hacia el mercado estadounidense.

Para una provincia como Biobío, donde la actividad forestal constituye uno de los principales polos de empleo, inversión y encadenamiento productivo, cualquier dificultad para acceder a los mercados internacionales genera incertidumbre, no solo de las grandes empresas sino de la cadena forestal que moviliza a miles de trabajadores, transportistas, contratistas, proveedores de servicios y pequeñas empresas que dependen del dinamismo de esta actividad.

Corma también advierte que el perjuicio no será exclusivo para Chile. El aumento de costos terminará afectando a importadores, constructoras, fabricantes de muebles y consumidores estadounidenses, quienes utilizan estos productos por su calidad y por características técnicas que no siempre resultan fáciles de reemplazar. Incluso, la organización sostiene que los propios inversionistas institucionales de Estados Unidos que mantienen capitales en el sector forestal chileno podrían ver reducidas las expectativas de rentabilidad de sus inversiones.

Este escenario vuelve a poner sobre la mesa la creciente complejidad del comercio internacional. Hoy las decisiones comerciales ya no responden únicamente a criterios económicos, sino que también incorporan factores geopolíticos, estratégicos y regulatorios que pueden modificar rápidamente las condiciones de acceso a los mercados.  Por ello, además de las gestiones que buscan revertir este arancel, resulta indispensable que Chile continúe fortaleciendo su política comercial, diversificando destinos de exportación y agregando mayor valor a sus productos. Para regiones como Biobío, cuya economía mantiene un fuerte vínculo con el sector forestal, reducir la dependencia de un solo mercado constituye una necesidad más que una opción.

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