Editorial

“Turismo de catástrofe”

Saltos del Laja, Provincia de Bío Bío, Archivo La Tribuna
Saltos del Laja, Provincia de Bío Bío / FUENTE: Archivo La Tribuna

Cada vez que la naturaleza pone a prueba a nuestra región, emergen también conductas preocupantes e inentendibles; esa tendencia de algunas personas a acercarse a zonas afectadas por una emergencia para observar, fotografiar o registrar lo que ocurre, como si se tratara de un atractivo turístico. El denominado "turismo de catástrofe" ha vuelto a ser advertido por las autoridades en medio del sistema frontal que afecta al Biobío, y el llamado no puede ser más oportuno.

Las intensas precipitaciones, el aumento de caudales, los anegamientos y el riesgo de desbordes han obligado a desplegar recursos humanos y materiales para proteger a las comunidades. En este escenario, cada vehículo adicional en rutas complejas, cada persona que se aproxima a sectores de riesgo sin necesidad y cada curiosidad mal entendida se transforma en un obstáculo para quienes están trabajando en la emergencia.

La experiencia reciente nos ha enseñado que los desastres naturales no son episodios aislados. Incendios forestales, temporales, inundaciones y marejadas han golpeado con fuerza a la región del Biobío durante los últimos años, dejando lecciones que no debemos olvidar. Entre ellas, que la prevención y la responsabilidad individual son tan importantes como la capacidad de respuesta de las instituciones.

Resulta comprensible que exista preocupación e interés por conocer el estado de caminos, ríos o sectores habitados. Sin embargo, hoy contamos con múltiples canales oficiales de información que permiten mantenerse informado sin exponerse ni entorpecer las labores de emergencia. La ciudadanía tiene el deber de colaborar siguiendo las recomendaciones, evitando desplazamientos innecesarios y privilegiando siempre la seguridad por sobre la curiosidad.

La solidaridad en tiempos difíciles no consiste en acercarse a observar los daños, sino en facilitar el trabajo de quienes enfrentan la contingencia. Significa respetar los perímetros de seguridad, atender las alertas, ayudar a vecinos que lo requieran y comprender que detrás de cada vivienda afectada, de cada familia evacuada o de cada camino interrumpido, existen personas viviendo momentos de incertidumbre y angustia.

Como región, hemos demostrado una y otra vez capacidad de resiliencia frente a la adversidad. Pero esa fortaleza colectiva exige también responsabilidad. La emergencia no es un espectáculo ni una oportunidad para obtener la mejor fotografía o el video más impactante para redes sociales. Es una situación que demanda prudencia, empatía y compromiso ciudadano.

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