Editorial

Día Nacional del Emprendimiento

Emprendimientos, Archivo La Tribuna
Emprendimientos / FUENTE: Archivo La Tribuna

Cada 29 de abril, en el marco del Día Nacional del Emprendimiento, nos detenemos —aunque sea brevemente— para reconocer a quienes, muchas veces desde la incertidumbre, levantan ideas, generan empleo y dinamizan las economías locales, y que en suma son el 40% de la fuerza laboral del país.

Las cifras más recientes del Monitor Global de Emprendimiento (GEM, por sus siglas en inglés) confirman una realidad dual: Chile sigue liderando la actividad emprendedora en América Latina, pero lo hace en un contexto de mayor cautela. La caída en la intención de emprender y el aumento del miedo al fracaso reflejan un escenario económico que exige decisiones más calculadas. Emprender hoy no es un impulso espontáneo; es, cada vez más, una apuesta estratégica en medio de la incertidumbre.

Sin embargo, es precisamente en ese contexto donde emerge el verdadero valor del emprendimiento: su capacidad de adaptación. La incorporación acelerada de tecnologías, especialmente de inteligencia artificial, marca un punto de inflexión en la manera de hacer empresa. Lejos de ser una tendencia exclusiva de grandes compañías, hoy son las micro y pequeñas empresas las que están integrando herramientas digitales para optimizar procesos, ampliar mercados y sostener su competitividad.

A ello se suma un ecosistema de apoyo que, con avances y desafíos, ha ido consolidándose. Programas impulsados por instituciones como Corfo, Sercotec, Fosis y Sence han permitido abrir oportunidades concretas para iniciar y fortalecer negocios. No obstante, el desafío sigue entorno a las mejoras en el acceso, simplificar los procesos y asegurar que estos apoyos lleguen efectivamente a quienes más los necesitan.

En este punto, es importante mencionar el creciente liderazgo femenino en el ámbito emprendedor. Las mujeres no solo están aumentando su participación, sino también liderando nuevos proyectos, muchas veces en condiciones más adversas. Reconocer este avance implica, también, asumir la deuda pendiente en materia de financiamiento, redes y acompañamiento.

Pero quizás el dato más elocuente es también el más preocupante: siete de cada diez emprendimientos no superan los dos años de vida. Esta cifra no solo habla de fragilidad económica, sino de la urgencia de construir un entorno más favorable, donde emprender no sea sinónimo de precariedad, sino de oportunidad real de desarrollo; con políticas públicas sostenidas, acceso efectivo a financiamiento, formación continua y un entorno regulatorio que incentive —y no obstaculice— la innovación.

Detrás de cada emprendimiento, hay hombres y mujeres, esforzados, que asumen un riesgo con el objetivo de ser una contribución concreta al país y es tarea de todos impulsaros para que no fracasen en ese intento.

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