Editorial

La agricultura ante el desafío de la IA

Ciclo de Charlas, Inteligencia Artificial 2025, La Tribuna
Ciclo de Charlas, Inteligencia Artificial 2025 / FUENTE: La Tribuna

El cuarto encuentro del ciclo Biobío 2050 consolidó una certeza que trasciende el discurso tecnológico, en tanto que la inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en una herramienta concreta para el sector agrícola que marca la diferencia entre avanzar o quedar rezagado. En ese contexto, la provincia enfrenta la disyuntiva entre aprovechar lo antes posible estas oportunidades o seguir profundizando brechas que ya son significativas entre los distintos tipos de productores.

El diagnóstico presentado demuestra que la región ya cuenta con universidades especializadas, conocimiento técnico avanzado, instrumentos de financiamiento y casos concretos de aplicación exitosa de la IA. Sin embargo, la adopción de esta tecnología aún permanece concentrada: mientras algunos agricultores emplean drones con clasificación automatizada y tractores autónomos, otros mantienen procesos manuales sin sensorización básica.

El análisis académico precisó que el desafío técnico fundamental radica en la recopilación de datos. La inteligencia artificial requiere de información sistematizada para generar modelos predictivos efectivos y, en agricultura, donde muchas variables permanecen sin registro digital, la primera inversión tecnológica debe orientarse a la sensorización. Este proceso no es inmediato, dado que los proyectos de implementación tardan entre uno y tres años desde la concepción hasta la operación, lo que refuerza la urgencia de iniciar hoy los procesos que determinarán la competitividad desde 2030 en adelante.

La provincia posee ventajas competitivas específicas, como un altísimo porcentaje de riego tecnificado en relación con su superficie cultivada, huertos frutícolas modernos y vínculos establecidos con las instituciones de investigación de la zona. Ello ha permitido que universidades establezcan relaciones de mutuo beneficio con empresas forestales y agrícolas, que han permitido desde el desarrollo de soluciones específicas hasta su testeo en la escala industrial. Estas capacidades instaladas representan un activo que la mayoría de las zonas productivas no posee.

Sin embargo, el encuentro también evidenció una tensión no resuelta. La automatización mediante inteligencia artificial aumenta la productividad pero reduce la demanda de mano de obra. Tractores sin conductor, sistemas de cosecha automatizados y plataformas de monitoreo remoto eliminan tareas que tradicionalmente generaban empleo rural. Esta realidad exige decisiones políticas que equilibren eficiencia productiva con protección del empleo.

La provincia debe definir qué modelo de agricultura tecnificada aspira construir y qué mecanismos implementará para que la transición no impacte en la empleabilidad de las zonas rurales. Los próximos 25 años de la agricultura local dependen de las estrategias que se adopten para potenciar su desarrollo, aprovechando tanto el potencial de la IA como el de su gente.

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