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Editorial

Turismo


 Por La Tribuna

Para el turismo, lo primordial es que las personas se puedan desplazar desde su punto de origen hasta un destino. Cualquier impedimento o restricción a dicha premisa afecta o, derechamente, perjudica a la actividad.

Eso fue lo que sucedió a nivel mundial con la pandemia del Covid-19. Como una manera de frenar los contagios, los países realizaron confinamientos dentro de su propio territorio y también cerraron sus fronteras a los visitantes de otras naciones, incluso de los propios connacionales. Durante más de dos años y medio, el planeta estuvo en vilo frente a una enfermedad que se contagiaba por el contacto de las personas por el simple acto de conversar o relacionarse.

Con el anuncio del término de las restricciones sanitarias a partir de este sábado 1 de octubre, se inicia un nuevo ciclo para la industria del turismo nacional que fue severamente golpeada por esta inédita condición. El fin de la obligatoriedad en el uso de la mascarilla y del pase de movilidad y el término de los aforos en los establecimientos son observadas como un alivio importante.

Hay que tener presente que, de acuerdo a los propios indicadores del sector, el turismo genera a la economía del país más de 9 mil millones de dólares anuales y crea unos 650 mil empleos directos (falta por recuperar unos 70 mil puestos de trabajo) gracias a los visitantes nacionales y los turistas extranjeros que totalizaban más de cuatro millones en la víspera del covid-19 en el territorio nacional.

Ahora, el foco de los actores y empresas del sector apunta a la recuperación de la actividad, con el objetivo inicial, en esta primera etapa postpandemia, de alcanzar niveles que el turismo tenía antes que se desatara la emergencia sanitaria.

Sin embargo, de acuerdo a las proyecciones de los representantes gremiales, la mirada está puesta también en el largo plazo en el sentido de reconocer que el país tiene las condiciones para que el turismo nacional se desarrolle y sea una verdadera potencia mundial en este ámbito, por todas las ventajas y condiciones para atraer turistas. De hecho, varios de los principales destinos nacionales (San Pedro de Atacama y las Torres del Paine) figuran entre los circuitos más importantes a nivel internacional.

Por eso, más allá del efecto puntual de la pandemia, que supuso poner un freno de emergencia al rubro, si Chile establece al turismo como una actividad dentro de una política de Estado – que sea duradera y sostenible – se podría sacar el mayor potencial a la actividad.

Según Fedetur, en el mediano plazo este sector puede pasar de aportar el 3% del Producto Interno Bruto PIB que representaba previo a la pandemia, a un 5% del PIB, lo que implica dar un salto significativo en materia laboral, generando hasta 1 millón de empleos; y ser uno de los tres sectores más importantes de la economía chilena.

Para que sea posible, es importante aportar una mirada país que convoque el compromiso y las voluntades del sector público y privado, y de todos los actores vinculados a esta actividad, hecho que cobra más relevancia cuando justo este martes se celebró el Día Mundial del Turismo.


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