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Editorial

Carreteras y desarrollo


 Por La Tribuna

En la década de los ’90, el país estaba dando pasos agigantados hacia el fomento de una política de exportaciones, a través de la colocación de sus productos – tradicionales y no tradicionales – en los más diversos mercados alrededor del orbe. Sin embargo, el cuello de botella para hacer realidad dicho proceso era la deficiente infraestructura en aeropuertos, puertos y, especialmente, en carreteras.

Los gobiernos de ese tiempo comprendieron que, dado el marco legal vigente, el Estado era incapaz de llevar a cabo semejante desafío. ¿La opción? La concesión a privados que asumían el costo de la inversión inicial que se recuperaba mediante el medio de cobros de peajes.

El Ministerio de Obras Públicas (MOP) creó una unidad especializada en esta materia que se puso rápidamente manos a la obra para definir cuándo y qué obras concesionar. La que inició ese camino que la Ruta de la Madera (entre Nacimiento y Concepción). Después le siguió la carretera longitudinal.

Al cabo de una década, los resultados fueron impresionantes. La Ruta Cinco Sur, desde hasta La Serena hasta Puerto Montt, estuvo asfaltada en doble calzada. No solo se optimizaron los tiempos de viaje, sino que hubo un incremento superlativo en la seguridad de las principales vías del país.

Además de la Ruta de la Madera, está el tramo que corresponde a la provincia de Biobío (Cabrero, Los Angeles y Mulchén) que fue adjudicada en 1997 al grupo mexicano Tribasa que, debido a problemas financieros por la crisis económica en ese país (llamado Efecto Tequila), debió cederlo a los franceses de Dumez.

Aquella primera concesión, conocida como Ruta del Bosque Sociedad Concesionaria S.A., expira el próximo 14 de febrero de 2023. El Ministerio de Obras Públicas llamó a licitación y tres empresas – son Consorcio Sacyr, Intervial Chile S.A, y China Railway Construction Corporation – compiten por adjudicarse el tramo de 169 kilómetros de extensión.

Esta nueva concesión es la continuación de un modelo exitoso que, en su momento, ayudó a destrabar el cuello de botella que representaban carreteras estrechas e inseguras para la cadena productiva nacional. En esta segunda etapa, se considera no solo el aumento del estándar de seguridad de la ruta, sino que la modernización tecnológica, particularmente en el sistema de cobros. De hecho, una vez otorgada la puesta en servicio de las obras, se eliminarán las plazas laterales y se implementarán 12 puntos de cobro troncales con telepeaje.

No se trata del único tramo. Otro ejemplo es la remozada Ruta Cabrero-Concepción, que inició sus operaciones hace tres años con un ahorro de tiempo considerable y un incremento sustantivo en los estándares de seguridad, o lo que será la ensanchada vía de comunicación terrestre entre Los Angeles y Angol, que está en pleno proceso de construcción.

Todos estos casos son una demostración más que palpable que alianza público-privada puede ser necesaria y, a la vez, muy fecunda en cuanto así fue posible mejorar y ampliar la columna vertebral del país, en sus principales rutas de circulación.


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