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Editorial

Dirigentes vecinales


 Por La Tribuna

Hay quienes desconocen que cada 7 de agosto se celebra en nuestro país el día nacional del Dirigente Social y Comunitario, como una manera de destacar el rol que cumplen en la sociedad los miles de personas que se dedican a esta labor en Chile. Se trata de una manera de homenajear y reconocer la labor de las y los dirigentes vecinales y comunitarios de todo el territorio nacional.

La fecha recuerda la publicación, el 7 de agosto de 1968, de la Ley sobre Juntas de Vecinos y demás organizaciones comunitarias, que supuso un notable estímulo al desarrollo del tejido asociativo en el mundo popular. Este hito ocurrió durante el mandato presidencial de Eduardo Frei Montalva, en el marco de su política de Promoción Popular.

La normativa legal surgió de una moción del senador Radomiro Tomic (en enero de 1963), que planteaba el reconocimiento legal de las juntas de vecinos –hasta entonces entidades de hecho-, así como la expropiación de predios urbanos en los cuales los pobladores estuviesen asentados en forma irregular.

Después, un proyecto del gobierno de Frei Montalva enriqueció la iniciativa, pasando de 18 artículos a un total de 64, entregando a las Juntas de Vecinos facultades de representación en el territorio llamado Unidad Vecinal, pudiendo organizarse hasta el nivel nacional.

El consenso de las distintas fuerzas políticas de la época quedó sellado en la promulgación de la ley un 7 de Agosto de 1968. Mientras, el movimiento poblacional ya no solo se encaminó hacia la vivienda: ahora también su preocupación derivó en el desarrollo comunitario, el empleo, el deporte y la cultura, énfasis que también fueron previstos en al articulado, extensivo a la noción de “demás organizaciones comunitarias”.

No se debe perder de vista que los dirigentes vecinales son quienes lideran, articulan y construyen los barrios en todo el país. No podría haber política pública concreta y efectiva sin el necesario aterrizaje en los propios vecinos, a través de las organizaciones territoriales y sus representantes.

Sin embargo, pese a su importancia, los dirigentes comunitarios suelen realizar su labor en solitario o con exiguos respaldos. Por una parte, es un hecho cierto que se ha perdido el espíritu cívico de los vecinos para participar en sus organizaciones territoriales y, por otro lado, tampoco ha habido un adecuado respaldo de parte de las autoridades para relevar su rol, especialmente para destrabar los nudos y superar las limitaciones que existen desde el punto de vista normativo. Muchas veces, su opinión o punto de vista no se considera o solo se le asigna un valor meramente nominal pero no efectivo frente a los distintos temas que los involucran.

Si bien la ley sobre Juntas de Vecinos ha sido sujeta a mejoramientos y adecuaciones, aún falta la voluntad suficiente para ser considerados actores efectivos y reales del quehacer local, protagonistas y no meros testigos bien ubicados del devenir de sus territorios.


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