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Editorial

Investigación y desarrollo


 Por La Tribuna

A mediados del siglo pasado, Chile tenía un ingreso per cápita superior al de Corea del Sur. En 1960, nuestro país promediaba US$550 de Producto Interno Bruto (PIB) mientras que la nación asiática sólo llegaba a los US$82.

En 60 años, las diferencias entre ambos países son abismantes en términos de ingresos. Corea del Sur llegó a US$15.000 en 2003 mientras que Chile, en el mismo periodo, pasó a US$4.000. Aunque nuestro país – junto a Uruguay – sea uno de los que ha tenido un mayor crecimiento económico en América Latina, estamos muy por debajo de los niveles exhibidos

De hecho, a ese país asiático le exportamos materias primas, como cobre y madera, mientras que les importamos sus automóviles, electrodomésticos y todo tipo de artículos electrónicos.

En buena medida, esa diferencia se explica en que Chile sólo invierte el 0,35% de su Producto Interno Bruto (PIB) en Investigación y Desarrollo (que suele abreviarse como I+D). Si se trata de comparar, nuestro país está al mismo nivel de Rumania, Ghana, Moldova (0,37%), Santa Lucía (0,36%), Irán (0,33%) y Nepal (0,30), la mayoría de los cuales está en una franca situación de subdesarrollo.

En cambio, Corea del Sur es parte del conjunto de países, como Japón, Finlandia, Suecia, Dinamarca, Austria, Suiza, Alemania y Estados Unidos, que invierten al menos 2,8% de su Producto Interno Bruto (PIB) en Investigación y Desarrollo. Son países con alto nivel socioeconómico, cuyos estándares no fueron alcanzados por casualidad. Fue fruto de un esfuerzo decidido y resuelto en avanzar en esta línea.

No es necesario ser un especialista muy avezado para concluir la relación directa entre la inversión en I+D y el desarrollo socioeconómico. En suma, no apostar por la ciencia (y sus aplicaciones productivas) también está bastante documentado y las naciones que no lo han hecho están destinadas a vivir en una situación de subdesarrollo económico.

Eso implica formar profesionales de alto nivel, idealmente en centros tecnológicos de primera línea a nivel mundial, para contar con una masa crítica de expertos que apliquen lo aprendido en nuestro país. Fue el camino realizado por India hace algunas décadas y que ahora lo tiene dentro de las naciones emergentes en materia económico, con un alto nivel de desarrollo tecnológico que lo tiene exportando barcos, celulares, computadores y automóviles a todo el mundo. 

También es fundamental que se genere un gran consenso a nivel país para hacer una apuesta de esta envergadura, en el entendido de que es un ingrediente fundamental para proyectar el desarrollo económico de Chile en el largo plazo. Deben concordar todos los sectores productivos y también las distintas sensibilidades políticas, para que tenga continuidad en el tiempo y no sea un esfuerzo de un mandato presidencial en particular.


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