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Editorial

Emergencias en altura


 Por La Tribuna

El sostenido crecimiento de las ciudades impone sucesivos desafíos. Así sucedió cuando se debió hacer la transición desde una urbe diseñada para carretas y caballos a otra por la cual circularan automóviles, buses y camiones. Ciertamente que este último caso fue un proceso paulatino que se inició un siglo atrás cuando los primeros vehículos surcaron las calles de tierra o de adoquines.

Lo mismo se comenzó a gestar en la segunda mitad del siglo pasado cuando se comenzaron a masificar las edificaciones de gran altura. Icónica fue la torre Santa María, de 33 pisos, situada en las faldas del cerro San Cristóbal, que fue el edificio más alto de su tiempo en la capital (110 metros).

Sin embargo, el incendio de marzo de 1981 – ocurrido en el piso Nro 11 y que costó la vida de 11 personas – y obligó a modernizar ciertos estándares y ordenanzas, ya que no existía una normativa que regulara la construcción en altura en Chile, así como tampoco regulación contra incendios. A modo de ejemplo, lo que ahora puede parecer muy evidente, en su tiempo no lo fue: cada vez que sucede una emergencia (como incendios o terremotos), está prohibido el uso de ascensores.

En el caso de Los Ángeles, urbe que concentra las edificaciones de altura en la provincia de Biobío (tanto para fines habitacionales como de oficinas y consultas), la historia se inició en los años ’80 cuando se construyó el edificio español. En 1995 se inauguró el Plaza Fundación, en la esquina de calles Valdivia con Lautaro, en diagonal a la plaza de armas.

Y así fueron sumándose nuevas construcciones de altura, principalmente en el sector de la Plaza Pinto, de la mano de los subsidios de renovación urbana con el fin de fomentar la concentración urbana.

Esa condición ciertamente fue advertida por las autoridades del Cuerpo de Bomberos de Los Ángeles por los desafíos que representaba hacer frente a emergencias en edificios de altura. Lo primera era contar con material mayor, como un carro con escalera telescópica, para llegar pronto a los sectores afectados en los pisos superiores.

En paralelo, también se trabajó en la formación del personal idóneo porque no se trata de una emergencia habitual que permita ir aprendiendo sobre la marcha. Situaciones de ese tipo suceden muy esporádicamente pero deben ser tratadas con el máximo profesionalismo para la integridad de los afectos y de los propios voluntarios.

Ese referido proceso de preparación y capacitación fue el que tuvieron este fin de semana 24 bomberos y oficiales del Cuerpo de Bomberos de Los Ángeles. También pone en evidencia cómo los caballeros del fuego, como ha sido la tónica desde su creación, se están poniendo a tono con los desafíos de las emergencias en altura que debe enfrentar esta institución de voluntarios.


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