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Editorial

100 años


 Por La Tribuna

Un concurso de pintura. Otro de fotografía. La plantación de 100 árboles. De esta manera se está preparando Los Ángeles para celebrar a uno de sus rincones más característicos: la laguna Esmeralda.

Fue un 21 de mayo de 1922 cuando las máximas autoridades de la comuna se reunieron en el recinto para tributar uno de los mayores homenajes a los héroes del Combate Naval de Iquique.

Es que lo ocurrido 43 años antes en la rada iquiqueña aún estaba estando muy presente en la memoria colectiva local. Incluso, en 1961, cuando se inauguró un conjunto residencial en la avenida 21 de Mayo en la prolongación desde Ercilla al poniente (tras el supermercado Jumbo), fue bautizado como Germán Segura, en homenaje al cirujano que estuvo a bordo de la fragata Esmeralda en aquella jornada de 1879.

En esa fría mañana de aquel domingo 21 de mayo de 1922, se reunieron todas las autoridades de la zona. La banda del regimiento amenizó la jornada con sus acordes y marcialidad. Nadie faltó a la cita.

Quien tuvo el honor de entregar al uso público la laguna Esmeralda y la avenida 21 de Mayo fue el primer alcalde Ramón Laing. A nombre de la comunidad, hablaron Pedro Aníbal Ruiz y Eleuterio Núñez Caviedes, quienes fueron conocidos en su tiempo por el entusiasmo y dedicación que le entregaban a cada acto público que se organizaba en esa época.

Además, los alumnos de las escuelas primarias cantaron los himnos a Prat, a la bandera nacional y el himno de Yungay.

Fue un gran evento. Para una ciudad sujeta a la habitual quietud de las urbes de las provincias más alejadas, lo ocurrido fue una oportunidad magnífica para festejar y celebrar.

Es que la laguna fue el primer espacio de uso público que fue pensado para ese fin que se complementaba con la estación de ferrocarriles, conjunto al que después se sumaría el estadio municipal.

De hecho, con los años se consolidó con esa característica identitaria que lo ha hecho absolutamente reconocible para generaciones de angelinos.

Aunque ha tenido arreglos y ajustes, siempre ha permanecido fiel a su característica  de lugar de encuentro y de paseo familiar. Pese a que tuvo una época de abandono y descuido, la laguna Esmeralda siguió ocupando una parte en el imaginario colectivo de los angelinos.

Por eso, celebrar su centenario con los concursos y ceremonias sirve para relevar su importancia, no solo desde el punto de vista de lo que es como espacio público, sino que también desde lo que representa para la siempre esquiva identidad angelina.

Ese último factor debe tenerse presente en cada uno de los lugares que reconocemos como propios, como nuestros, como consustanciales a lo que significa vivir y ser parte del ethos de Los Ángeles.

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