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Editorial

Expectativas versus realidad


 Por La Tribuna

El pasado 11 de marzo, en un acto marcado por simbolismos, emoción y un discurso que se caracterizó por tener varios guiños al ex presidente socialista Salvador Allende, asumió la Presidencia de la República, Gabriel Boric Font, un momento histórico por todo lo anterior, y también por un hecho de la causa, ser el mandatario más joven de la historia de Chile.

Asume con grandes desafíos sobre sus hombros, de reformar el país en post de la ciudadanía, y –por lo que se vio en las afueras de La Moneda- con una gran cantidad de adherentes que confían en su gestión, y sueñan con un país “mejor”.

Es precisamente esto último la tarea más titánica, y difícil, con la que tendrán que lidiar no solo el mandatario sino todo su equipo de Gobierno, la mayoría de ellos es dirigentes estudiantiles que dieron vida a la revolución pingüina. Esto porque manejar las expectativas del pueblo versus la realidad en la que se encuentra el país, es un ejercicio difícil de equilibrar.

Con una pandemia aún latente, la economía muy desmejorada, la inflación, los problemas de seguridad ciudadana, el narcotráfico, la delincuencia (en muchas comunas del país desatada) y la guinda de la torta, una sequía que afecta al país, que se encrudece tan rápidamente que puede en el corto plazo obligar incluso, al razonamiento del agua de consumo humano. Sin siguiera mencionar, los embates a la agricultura y con ello, la provisión de alimentos. El espacio que queda para hablar de reformas de fondo, y un trabajo más hacía lo social resulta ser, por decirlo suave, bastante complejo.

Se avizora un año tremendamente complicado en todos estos aspectos, y será la mesura y el trabajo con todos los sectores, en unidad, la clave del éxito. Un éxito que debe ir de la mano del equilibrio democrático, de la representación de todos los sectores, y por cierto, con el apoyo de la ciudadanía, que debe comprender que las expectativas deben ajustarse mayormente a la realidad país. Porque al igual que cuando tenemos un sueño, se despierta. En este caso, no se puede soñar sin ver la realidad con la que se asumió el país, para no tener un abrupto despertar.

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