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Editorial

Agresiones


 Por La Tribuna

A solo una semana desde el retorno a las clases presenciales después de prácticamente dos años de jornadas online, en los recintos educacionales de la provincia de Biobío se han producido cuatro brutales casos de agresiones que involucran a menores de edad. Dos de ellos han ocurrido en Nacimiento, otro  aconteció en Laja (el primero de la seguidilla) y el último fue en un recinto educativo de Los Ángeles.

Cada uno de estos incidentes ha sido grabado y varios se han compartido en las redes sociales, como una suerte de trofeos de guerra. Es que mientras los estudiantes se trenzan a golpes o de tironean de los cabellos, otros tantos se agolpan a presenciar la escena y, principalmente, a dejar registro en sus teléfonos para publicarlo en alguna de las varias plataformas digitales o por canales como WhatsApp.

Es evidente que algo no está bien. Los especialistas deben tener una explicación sobre el fenómeno de las agresiones entre estudiantes cuando recién se está iniciando el año escolar, después de un periodo de distancia forzosa por la emergencia sanitaria por el covid-19. También de esta suerte de circo romano de quienes presencian y dejan registro del episodio para divulgarlo entre sus conocidos, no importando el grado de violencia presente.

Hay que tener en cuenta que convivir en la escuela es una experiencia de aprendizaje, ya que el recinto educativo es el lugar en el que se aprende a convivir con otras personas más allá del espacio familiar. Por ello, de acuerdo al Ministerio de Educación, la existencia de buenos climas de convivencia no solo mejora los aprendizajes, sino que desarrolla en todos los actores de la comunidad educativa la capacidad de vivir y participar en comunidad. La convivencia es, por tanto, un aprendizaje para la vida.

Por lo mismo, en cada establecimiento educacional existe un Plan de Gestión de la Convivencia Escolar, que regula las relaciones entre los miembros de la comunidad educativa, contempla las medidas pedagógicas y los protocolos de actuación ante situaciones de conflicto.

De acuerdo a las directrices ministeriales, el plan es elaborado con la participación activa del Consejo Escolar, y es implementado en conjunto con el encargado de Convivencia Escolar que es acompañado y asesorado por un equipo de gestión de la Convivencia Escolar.

La aplicación de esta herramienta cobra más vigencia que nunca en este retorno a clases. En una sociedad que parece tolerar más la violencia, incluso de la más irracional, es tremendamente preocupante que las futuras generaciones adopten ese camino para dirimir sus controversias, incluso hasta por las situaciones las más nimias. Ciertamente que lo primero es que se debe intervenir con quienes protagonizan esas reyertas. Los establecimientos educativos ya anunciaron acciones remediales en cada uno de esos conflictos. Sin embargo, también se debe considerar al conjunto de la comunidad estudiantil, abarcando también a sus padres o sus tutores legales, de tal manera que reforzar la necesidad de buscar soluciones distintas a las agresiones físicas y/o psicológicas para los conflictos o disputas que pueden haber en la relación entre seres humanos. Es urgente y necesario.

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