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Editorial

12 años


 Por La Tribuna

Nuestra memoria parece ser muy de corto plazo. Después del terremoto del 27 de febrero de 2010, con un nivel de devastación que abarcó a buena parte del territorio nacional, era habitual que en las casas se contara con un kit de emergencia para situaciones graves. Bidones de agua, pilas, linternas y fósforos, además de alimentos no perecibles formaban parte del stock de productos primera necesidades que estaban a mano en muchos hogares en el caso de alguna situación de gravedad.

Sin embargo, al cabo de un tiempo, la reposición de los artículos y productos para el kit de emergencia fue cayendo en desuso hasta caer en el olvido.

Este ejemplo sirve para retratar un proceso que es consustancial de la naturaleza humana y que refiere a como, poco a poco, vamos dejando los temas importantes por otros asuntos tanto o más relevantes. Es una suerte de ciclo indetenible que, a medida que se superan las situaciones de crisis, va buscando nuevos derroteros para seguir avanzando.

Las consecuencias del terremoto de 2010 dieron origen a un monumental trabajo de reconstrucción que comprometió la labor de todo un país para levantar las miles de viviendas destruidas y en la recuperación de los espacios públicos que fueron afectados por el cataclismo, además del establecimiento de nuevas políticos públicas para abordar las situaciones de emergencia, cualquiera sea su naturaleza.

Es muy posible que en este avance tan fundamental se quedó infraestructura pública que era muy útil e importante y que no fue considerada dentro de las preocupaciones de esa etapa inicial para repararla y ahora, salvo una excepción que parece confirmar la regla, no tiene visos de mejorarse en el corto plazo.

En el caso de la provincia de Biobío, lo más llamativo sucede con el ex edificio del Centro de Detención Preventiva (CDP) de la avenida Vicuña Mackenna de Los Ángeles. Mudo testigo de los efectos de un terremoto 8,8 Richter, no se ha hecho el esfuerzo suficiente para albergar a la población penal que ha debido hacinarse hace dos años en el resto de las cárceles de la región. Los esfuerzos por buscar un recinto penitenciario no prosperaron y tampoco se ha hecho esfuerzo alguno por retomar esa iniciativa. Mientras tanto, la estructura languidece por la acción del tiempo y la desidia, sin un destino definitivo.

El otro espacio es el edificio del Servicio Seguro Social, en la esquina de la avenida Ricardo Vicuña con Colón, donde funcionaron dependencias del Servicio de Salud de Biobío. Desde la calle, se pueden apreciar los daños del terremoto pero no se ha sabido de ningún proyecto de restauración.

Lo propio sucede con la Casa de la Cultura, ex Teatro Municipal, edificio emblemático situado en pleno centro de Los Ángeles que se levantara en la década del 30 de la mano del arquitecto Nibaldo Álamos. Uno de los principales escenarios musicales y sociales de la ciudad espera en estos 12 años que lleguen los recursos para recuperar su esplendor de antaño. Pese a la campaña de la agrupación Salvemos la Casa de la Cultura, hasta ahora no se ha conocido de resultados concretos para su restauración.

Si bien es cierto que las prioridades han ido cambiando, es fundamental hacer un esfuerzo para recuperar esa infraestructura pública. Un buen ejemplo es la capilla del hospital, monumento histórico nacional que este año iniciará su proceso de recuperación. Cuando se quiere, se puede. Es cuestión de recordarlo.

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