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Editorial

El fin de una era


 Por La Tribuna

En la historia política de nuestra provincia de Biobío hay personalidades que han hecho historia. Más allá de las apreciaciones personales sobre su desempeño y motivaciones, han sido capaces de construir una historia propia, dejando un legado que supera el paso del tiempo.

En nuestra historia local, hay varias personalidades que han dejado su sello, partiendo por el propio Bernardo O’Higgins, cuya cuna política fue esta zona de la Isla de Laja, siendo alcalde de Los Ángeles y diputado por el territorio en el primer Congreso Nacional que funcionó en el país.

En el siglo pasado, hubo nombres como los de Víctor Ríos Ruiz, Darío Barrueto, Domingo Contreras Gómez o Pedro Stark que legaron una impronta de trabajo y de compromiso con el servicio público. Más allá de sus posiciones políticas, el reconocimiento a su gestión trascendió las fronteras ideológicas y se instalaron de esa manera en los distintos estratos de la sociedad.

En la última elección senatorial por la región del Biobío que se resolvió el domingo, uno de los aspirantes era el diputado radical José Pérez Arriagada. Con seis periodos en el cargo en la Cámara Baja y con la imposibilidad de reelegirse, esta vez debió buscar su opción en el Senado. Aunque dio la batalla, esta vez debió quedar a la vera del camino.

Con su derrota, se está iniciando el principio del fin del ciclo de uno de los políticos más incidentes en la historia local reciente. José Pérez, junto a varios connotados personajes de su tiempo, fue uno de los protagonistas del proceso para la recuperación de la democracia en los años ’80, siendo parte de las organizaciones y colectividades que se articularon para el plebiscito de 1988 que puso fin a la dictadura de Augusto Pinochet.

Aunque fracasó en sus dos primeros intentos por llegar a la Cámara de Diputados, en los comicios de 1997 se impuso con claridad y desde ahí comenzó a ser mucho más influyente en el devenir de la historia política local.

Fue fundamental, por ejemplo, para el nombramiento de Esteban Krause en la Gobernación Provincial de Biobío, cargo que después lo catapultaría a la alcaldía de Los Ángeles, comuna dominada por militantes de derecha desde los años 70.

Poco recordarán cuando a fines de diciembre de 2001 se nombró el arquitecto chillanejo Roberto Misene como gobernador de la provincia de Biobío. Aunque su nombre fue anunciado en un fin de semana, en los primeros días del mes siguiente se revirtió la medida gracias a un telefonazo del diputado y, en su reemplazo, la designación recayó en Esteban Krause, quien era director regional de la Conaf.

Desde su tribuna legislativa, fue uno de los promotores de la recuperación de la actividad ferroviaria que hoy renace de la mano de modernos equipos y de la posibilidad de ampliar la cobertura en el mediano plazo. También de propiciar leyes para los exonerados políticos.

El legislador fue duramente criticado en su tiempo por distribuir choclos en las poblaciones más modestas y por esa estética patronal que siempre caracterizó a sus campañas y su labor legislativa en sí, y que iban de la mano de sus gestos y actitudes que varios consideraron muy despóticas.

De luces y de sombras, José Pérez dejará la Cámara de Diputados en marzo del próximo año con la certeza de haber dejado una huella en la historia política local, marcando el fin de una era que solo el tiempo sabrá medir en su justa dimensión, más allá de los apasionamientos del momento.

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