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Editorial

Responsabilidad cívica


 Por La Tribuna

Hasta la medianoche de este jueves se puede hacer propaganda política para el acto electoral que ocurrirá en la jornada de este domingo 21 de noviembre. Apelando a una frase muy manida en tiempos de campaña, desde los primeros minutos de este viernes hasta la apertura de las urnas con los sufragios de los electores, los políticos deberán guardar riguroso silencio para hable la ciudadanía.

Sin embargo, se debe reconocer que la participación en los procesos electorales es cada vez menor. Desde la instauración del voto voluntario, son cada vez menos los ciudadanos interesados en expresar sus preferencias por algunos de los distintos cargos de elección popular.

En los comicios de mayo pasado – en que se debió optar por representes en la Convención Constitucional, en los municipios y en la recién creada institución de los gobernadores regionales- el porcentaje de votantes no superó el 35% del padrón de ciudadanos habilitados para emitir su sufragio.

Lo singular de esta situación es que mientras más aumenta la desidia por ser partícipe de los comicios, la cantidad de postulantes a los diferentes cargos en disputa parece que se multiplica. Es paradojal el interés por sufragar sea inversamente proporcional al de ser postulante. De hecho, en nuestra provincia de Biobío, entre candidatos a la Presidencia, al Senado, la Cámara de Diputados y el Consejo Regional de gobierno son 125 los interesados que se distribuirán en cuatro papeletas. El caso más llamativo sucede con los consejeros regionales que concentran el 50% de los cupos (62), pese que solo son seis los cargos en disputa. Es decir, solo uno de cada diez será elegido por la ciudadanía.

Sin embargo, más allá de lo anecdótico por el alto número, es fundamental insistir en la participación como ejercicio necesario para sostener la democracia. Es cierto que el servicio público por representación ciudadana atraviesa una de sus etapas más oscuras. Muchos de los elegidos se han encargado de tender un manto de desprestigio para una actividad que es fundamental para la sociedad.

Sin embargo, buena parte de esos vicios se pueden corregir en la medida en que se realice un ejercicio para escoger a los mejores hombres y mujeres para las distintas funciones que están en disputa. Hay una responsabilidad de todos en hacerlo de esa manera.

El pre-requisito es informarse sobre las opciones que más se aproximan a su concepto de la vida y la función pública a fin de acotar el ámbito de búsqueda y, sobre esa base, tomar la mejor decisión. Es posible equivocarse pero ciertamente que se reducen las opciones de que así suceda si tomamos dicha determinación a la ligera y a última hora.

Al cabo, lo importante es expresarse en las urnas. Usar parte del tiempo disponible en la jornada del domingo, disponer de todas las medidas sanitarias y cumplir con este deber ciudadano. La democracia, como ya se ha dicho en otras ocasiones, bien vale el esfuerzo para preservar y mejorar.

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