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Editorial

El enemigo silencioso


 Por La Tribuna

Este domingo 14 de noviembre se conmemora el Día Mundial de la Diabetes, fecha instituida como tal desde 2006 por las Naciones Unidas. De esta manera, se reconoce a Sir Frederick Banting, nacido un 14 de noviembre, como uno de los descubridores de la insulina junto con Charles Best, hecho ocurrido en 1921.
La fecha pone el acento en una de las materias de salud más importantes y más complejas que quejan a la población nacional y que, por lo mismo, exige acentuar las políticas públicas, especialmente en materia preventiva.
Es que, a nivel de cifras, cerca del 30% de los chilenos mayores de 65 años son diabéticos, es decir, a mayor edad hay mayor posibilidad de contraer la enfermedad.
El problema es que las acciones que la previenen o contienen su aparición en la población chilena muestran, en la práctica, que se avanza cada vez más en una línea absolutamente contraria debido a malos hábitos que están muy arraigados.
Según la última Encuesta Nacional de Salud, el 86,7% de la población chilena sobre 15 años es sedentaria, es decir no practica actividad física fuera de sus horarios labores o de estudio. Si lo separamos por sexo, se refiere al 90% de las mujeres y el 83% de los hombres. El 73% de los jóvenes entre 15 y 19 años no suele realizar ningún tipo de actividad física.
El panorama empeora si a eso le sumamos que tres de cada cuatro chilenos tiene sobrepeso o, derechamente, es obeso. En el detalle, casi el 40% de la población tiene sobrepreso, el 31,2% es obeso y el 3,2% sufre de obesidad mórbida. Si sumo todo eso, el 74% de la población chilena tiene sobrepeso u obesidad.
Otro gran protagonista en la mala salud chilena, fuertemente unido a la obesidad y la diabetes, es el síndrome metabólico que se caracteriza por un perímetro de cintura mayor a 80 centímetros en mujeres y a 90 en hombres, situación que coexiste con la resistencia a la insulina, que se mide por elevación de glucosa, presión sanguínea alta y una baja del denominado “colesterol bueno”.
En consecuencia, se puede inferir que la edad y la obesidad afectan de forma directa e indirecta los mecanismos por los cuales se desarrolla la diabetes. Uno de esos mecanismos se llama resistencia a la insulina y, por otro lado, agotamiento de la célula Beta que produce insulina. Por tanto, la edad – por diversas razones- afecta en los dos mecanismos patogénicos por los que se desarrolla la diabetes.
Con la edad no es un factor que no se puede modificar, sí se pueden intervenir los estilos de vida, apuntando específicamente al sedentarismo, la obesidad, el tabaquismo y, por cierto, los malos hábitos de alimentación.
Los altos niveles de glucosa (azúcar) de la sangre devienen en un conjunto de complicaciones de salud graves y potencialmente mortales, que conllevan una creciente necesidad de atención médica, reducida calidad de vida y excesivo estrés para los pacientes y sus familias.
Por eso, como suele suceder en materia de salud, es fundamental que se haga conciencia sobre este problema para contrarrestar sus consecuencias en la población. No hay otra forma, especialmente en materia de la promoción de estilos de vida saludables que permitan frenar la amenaza que significa la diabetes.

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