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Editorial

Generación de energía


 Por La Tribuna

El escudo oficial de la municipalidad de Los Ángeles tiene la representación gráfica de unos rayos que sirven para ilustrar la importancia de un rubro poco conocido y, por lo mismo, poco valorado a nivel ciudadano: la generación de energía eléctrica.

Dicho escudo data de la década del ’50, justo cuando -poco antes- se había echado a andar la central Abanico, en la zona cordillerana de la comuna de Antuco. Fue la primera de una serie hidráulica a la que más tarde se sumaron las plantas El Toro y Antuco. Con los años se sumaron más y más centrales de generación en el mismo curso fluvial, como Rucúe y Quilleco y varias otras de menor tamaño.

Las más importantes en la provincia son Pangue y Ralco (Palmucho es una de menor tamaño pero forma parte del mismo sistema hidráulico), en el curso superior del río Biobío, cuya construcción estuvo matizada por la intensa polémica debido a los impactos en el medio ambiente y las comunidades cercanas. En la última década se sumó Angostura, entre Santa Bárbara y Quilaco, y en los años que vienen debieran ejecutarse las plantas Rucalhue y Frontera, esta última en la zona de San Carlos Purén.

Ese potencial hidroeléctrico se complementa con otras fuentes de generación renovable, como la eólica y la solar. Hay decenas de iniciativas en operaciones, otras en fase de construcción y varios más en fase de estudios, en un área que abarca la zona poniente de la provincia de Biobío.

Eso sí, al igual que en los años ’90, su instalación ha estado marcada por la polémica debido a la preocupación enunciada por las comunidades vecinas a estas iniciativas de generación, principalmente por la cercanía de los aerogeneradores a las viviendas y los eventuales impactos en las napas subterráneas, entre otras.

Por todo lo anterior, se debe reconocer que la generación de energía es una cualidad inherente a la provincia de Biobío que, con toda justicia, se puede hacer acreedora del rótulo de corazón energético del país.

Es más, se dice que Los Ángeles – la ciudad de los rayos en su escudo de armas – fue la primera en el país que contó con energía eléctrica y que se usó específicamente para iluminar sus calles.

Sin embargo, poco y nada se ha hecho para relevar esa condición, ni siquiera a nivel de los habitantes de la provincia.

Es cierto que durante años ocurrió la particular paradoja que mientras se aportaba con energía al país, muchas zonas rurales no contaban con este servicio básico para una mejor calidad de vida. A principios de los años ’90, poco más del 30% de los habitantes de las zonas campesinas contaban con electricidad. Gracias a los potentes planes de electrificación realizados en ese tiempo, ahora ese porcentaje se aproxima al 97%.

También es cierto que el precio de la energía es mucho más elevado en las zonas apartadas, lo que parece un contrasentido para una zona que aporta electricidad a rincones muy apartados de nuestro país.

Sin embargo, es necesario destacar ese hecho como un elemento fundamental de nuestra identidad local que se fue forjando durante el siglo pasado y que adquiere renovados bríos con las nuevas opciones de generación con fuentes renovables. Un rol importante lo tienen las autoridades locales y provinciales pero también es parte de las responsabilidades de las empresas de generación.

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