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Editorial

Narcotráfico


 Por La Tribuna

El operativo llevado a cabo por efectivos de la Policía de Investigaciones, que implicó allanar una docena de viviendas en distintos sectores de Los Ángeles y que permitió apresar a nueve personas, además de incautar drogas, armas y dinero, es importante no solo por lo que representa desarticular a una peligrosa banda delictual, sino por la potente señal que se entrega a la ciudadanía en torno al combate al narcotráfico.

Se trata de uno de los mayores procedimientos de los últimos años que significó emplear a más de un centenar de funcionarios, con apoyo de equipos motorizados, drones y un helicóptero.

El operativo estaría poniendo fin a una de las bandas más importantes que operaba en la capital provincial y que se relacionaría a la seguidilla de homicidios y balaceras del último año que hubo en distintos puntos de la ciudad, causando el miedo y la preocupación de los vecinos.

De esta manera, además, se pone fin al reinado de violencia y terror que imperaba en algunos vecindarios de la ciudad y que estaba emulando lo ocurrido en diversos sectores de la región Metropolitana. De hecho, según estudios especializados, en la capital hay 174 zonas, con más de un millón de habitantes, que están en manos del narcotráfico.

En esos territorios, sus residentes han normalizado la violencia narco y el abandono de los organismos del Estado, especialmente de las policías. Se han habituado a convivir con cuatro situaciones que a inicios de la última década aún consideraban graves y extraordinarias: las balaceras, el comercio y consumo de drogas a toda hora, la presencia de vigilantes armados del negocio ilícito (los “soldados”) y la nula respuesta de la policía.

De ahí que lo ocurrido en la mañana del jueves en varios sectores de Los Ángeles, incluido el allanamiento a la casa-búnker (que después fue quemada por completo), no solo es una esfuerzo por contener a una banda sospechosa de narcotráfico, sino que también es una potente y muy necesaria señal para los residentes de que no están solos, que el Estado no los ha dejado abandonados y que los delincuentes están tras las rejas y no caminando impunes por las calles.

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