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Editorial

Tercera ola


 Por La Tribuna

Fue más o menos a estas alturas del año pasado cuando la comuna de Los Ángeles y la provincia de Biobío comenzaron a experimentar un sostenido aumento de contagios de Covid-19 que motivaron a la aplicación, a fines de diciembre, de severas medidas de confinamiento forzado de la población.

Fueron miles de personas que debieron permanecer recluidas en sus viviendas o salir solo con permisos temporales especiales y exclusivamente para situaciones muy puntuales. En tanto, se seguían acumulando los casos de hombres y mujeres que enfermaban de gravedad por el coronavirus y debían luchar por sus vidas con apoyo de un equipo de profesionales y de respiradores artificiales en los recintos de Salud.

Los meses que siguieron fueron los peores que se vivieron en la emergencia sanitaria en la zona que partió tímidamente en marzo del año pasado y que, de paso, obligó a cerrar las puertas de decenas de locales comerciales como una forma desesperada de evitar las aglomeraciones de personas, posibles causantes de la multiplicación del mal. Se perdieron cientos de puestos de trabajo con muchas familias viviendo en la incertidumbre sobre su futuro.

Recién a mediados de este año se comenzó a percibir un alivio en el número de contagios diarios y también de casos graves de la afección, de la mano de la vacunación y el establecimiento de un plan que fijaba el levantamiento o aplicación de restricciones, en la medida que mejorara o empeorara el cuadro general.

El mejoramiento de los indicadores trajo consigo el levantamiento de las medidas de confinamiento y paulatinamente se comenzaron a retomar las condiciones de normalidad previas a la emergencia sanitaria.

Sin embargo, octubre cerró con más de dos mil casos diarios y con más de 11 mil 600 activos a nivel nacional. Incluso, el total de casos del décimo mes del año fue superior a la suma de agosto y septiembre juntos.

El temor de una tercera ola de contagios se abre como una posibilidad cierta en el horizonte inmediato, en la medida que se sigue diseminando la enfermedad, gracias a cepas – como la Delta – de mucho mayor velocidad de propagación.

El ministro de Salud, Enrique Paris descartó que el país esté enfrentando una tercera ola de Covid-19 y lo catalogó como “un rebrote”, lo cierto es que esta situación de relativa normalidad debe llamar la atención y a redoblar las acciones preventivas que han sido repetidas hasta el hartazgo. También en lo referido a la aplicación de la dosis de refuerzo que se está aplicando a todos quienes recibieron alguna de las vacunas hace más de seis meses, con el fin de reforzar la inmunidad y evitar llegar a las manifestaciones más severas de la enfermedad.

Bajar la guardia, confiarse y/o suponer que todo ha quedado atrás de manera definitiva es uno de los peores errores que se pueden cometer a estas alturas del año. La experiencia internacional, como lo ocurrido en Israel que tenía a un alto porcentaje de su población ya vacunada, debe tomarse como un ejemplo de lo que podría suceder por el exceso de confianza: los israelíes debieron volver a medidas restrictivas.

Más allá de lo que pueda disponer la Autoridad Sanitaria, depende de cada uno de nosotros que se tome real conciencia de lo que acontece y se actúe en consecuencia. No existe ninguna otra manera.

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