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Editorial

Casa de O’Higgins


 Por La Tribuna

La provincia de Biobío tiene una enorme deuda pendiente con Bernardo O’Higgins. Ya se ha dicho en muchas ocasiones que el Padre de la Patria arribó en 1804 a hacerse cargo de la hacienda Las Canteras (comuna de Quilleco), legada por su padre Ambrosio O’Higgins, donde desarrolló una intensa y novedosa actividad agrícola.
En los albores del proceso independentista asumió como alcalde de Los Ángeles, y poco después, como diputado por la Isla de la Laja en el primer Congreso Nacional. Más adelante, con los inquilinos de la hacienda dio forma a uno de los regimientos de milicianos que combatieron por la liberación del país de la Corona española.
La provincia de Biobío fue fundamental en la historia del prócer independentista. Sin embargo, poco y nada ha hecho esta zona por retribuir y reconocer un legado así de importante.
De hecho, la comuna de Chillán –lugar de su nacimiento– es la depositaria de los mayores homenajes a nivel nacional. Cada 20 de agosto, el o la Presidenta de la República de turno se traslada a esa ciudad para tributarle un significativo reconocimiento. En la provincia de Biobío, pese a su relevancia dentro de la historia de O’Higgins, solo se depositan unas ofrendas florales en la estatua ecuestre instalada en el año 2000 en la Plaza de Armas de Los Ángeles, y en el sitio de Las Canteras, donde se encuentra un castaño que dataría de la época en que vivió el Padre de la Patria.
Un primer paso para resarcir esa deuda pendiente lo dio el Instituto O’Higginiano, filial Biobío, cuando en los años 80 adquirió el recinto del castaño, cuya superficie llega a la media hectárea.
Más tarde, a mediados de los 90, dio el paso siguiente al elaborar, con recursos públicos de cultura, un proyecto que permitiera recuperar la casa del prócer mientras vivió en Las Canteras. Si bien no existe un documento que detalle cómo era la edificación original, el arquitecto Osvaldo Cáceres –autor del proyecto– elaboró un diseño a partir de la experiencia constructiva de la época.
Hasta ahí todo bien. Sin embargo, debieron transcurrir prácticamente 20 años para retomar la iniciativa y apuntar a materializarla, ahora bajo el nombre de la Casa de O’Higgins.
Hubo avances importantes en el diseño de detalle, en los montos involucrados y en la definición de su carácter como museo que ilustre la época de O’Higgins en esta zona. Su alcance sería nacional y, por lo mismo, tendría un marcado perfil como destino turístico en un territorio que requiere alternativas de ese tipo. Incluso, ya se estaban buscando las opciones de financiamiento que podían ser mixtas, es decir, pública y privada.
Hasta ahí todo bien, pero en los últimos años, la burocracia pública y también la falta de voluntad han vuelto a entrampar los progresos en este proyecto. Como si fuera poco, la emergencia sanitaria por el Covid-19 obligó a postergar hasta fecha indefinida cualquier iniciativa de esa naturaleza.
El Instituto O’Higginiano sigue trabajando silenciosa y abnegadamente para resolver los detalles pendientes que permitan contar con el proyecto aprobado y listo para ir a la búsqueda de financiamiento. Sin embargo, se necesita un compromiso mayor de las autoridades locales y provinciales para empezar a saldar, de una buena vez, esta cada vez más abultada deuda de la provincia de Biobío con su hijo más ilustre.

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