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Editorial

Ley No Chat


 Por Prensa La Tribuna

Fue a principio de los años 80 que se instauró la norma en la Ley de Tránsito que obligaba a usar los cinturones de seguridad de tres puntas en los vehículos motorizados, estableciendo multas en dinero a quienes fueran descubiertos incumpliendo esta disposición. Sin embargo, pese a la posibilidad de sanciones, debieron pasar más de tres décadas para que los automovilistas se habituaran a su uso, en buena medida, empujado por los dispositivos sonoros incorporados en los vehículos más modernos que advertían cuando no se estaban empleando, tanto para el conductor como para su acompañante.

Este comentario viene a propósito que, después de seis años de tramitación legislativa, ya está lista para promulgarse la denominada Ley No Chat. En lo fundamental, el cuerpo legal define como infracción gravísima el usar dispositivos electrónicos durante la conducción.

La normativa, aprobada por una muy amplia mayoría en su tercer trámite por la Cámara de Diputadas y Diputados, considera el aumento de sanciones a quienes utilicen este tipo de dispositivos mientras están conduciendo un vehículo.

Los conductores que sean sorprendidos se exponen a una infracción que varía entre 1,5 y 3 UTM, es decir, entre 45 y 150 mil pesos, el doble de lo estipulado en la actualidad.

Se considera, por ejemplo, que si el automovilista está detenido por un disco pare o una luz roja, y comienza a usar el dispositivo móvil, se considerará infracción y pasará a ser una falta gravísima. Solo será posible revisar el teléfono cuando el vehículo se encuentre estacionado y con el motor apagado.

El uso de los populares dispositivos de “manos libres” se ha precisado que solo se puede considerar siempre que no implique la distracción de la vista.

Frente a esta normativa, por una parte cuesta entender la demora en implementar un proyecto de esta naturaleza, tomando en cuenta las cifras de fallecidos en accidentes de tránsito, una de cuyas causas es la distracción durante la conducción.

Por otra parte, aunque la ley –que está lista para ser promulgada– está bien intencionada, ciertamente que se necesita de mucho más para cambiar un hábito demasiado acendrado en buena parte de los automovilistas. Las leyes son un primer paso desde lo normativo, pero debe asimilarse de manera fundamental que se trata de una situación de riesgo que expone a propios y a terceros.

De lo contrario, tal cual como sucedió hace más de tres décadas, cuando una ley obligó a emplear los cinturones de seguridad, será necesario que pase demasiado tiempo antes que sea asimilada como un hábito entre los conductores.

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