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Editorial

Solidaridad internacional


 Por La Tribuna

Tal cual como sucedió en 2017 con las familias sirias, el país está dispuesto a abrir sus puertas a, a lo menos, una decena de familias de Afganistán que estén buscando refugio, luego que los talibanes tomaron control del país asiático.
La decisión fue tomada por el Presidente Sebastián Piñera quien autorizó a la Cancillería a recibir a estas familias que serán traídas al territorio nacional, a partir de listas que entregarán las ONG internacionales, que apoyan a mujeres líderes en materia de Derechos Humanos en esa nación.
Es que la retirada del Ejército norteamericano de sueño afgano gatilló una serie de sucesos que desembocaron en que las milicias talibanes se apoderadas rápidamente de ese país, poniendo una cuota enorme de incertidumbre sobre lo que suceda con sus habitantes, especialmente las mujeres.
Es que las experiencias anteriores de territorios bajo control talibán – que realizan una interpretación extrema de las enseñanzas del Corán – han sido brutales e inconcebibles en nuestra sociedad occidental, especialmente para el género femenino.
La idea impulsada por el Ejecutivo es que las mismas ONG realicen los rescates, pues Chile no tendría los medios para llevarlos a cabo, más allá de que el país pueda colaborar en la gestión de los mismos.
El propio canciller Andrés Allamand ratificó que “no está en nuestras manos la evacuación física pero sí la ayuda posterior a la misma (…) Estamos desplegados en la medida de nuestras posibilidades para ser como siempre hemos sido, solidarios en estas materias”.
Además está el caso de la familia de la estudiante de medicina de la Universidad de Chile, Zahra Habibi, quien pidió a las autoridades que rescaten a sus parientes, especialmente su hermana. Ella corre un riesgo mayor bajo los ojos de los talibanes debido a que es académica y divorciada.
En 2017, Chile recibió a un grupo de refugiados de Siria, país que se desangraba por una guerra civil. Sesenta y seis sirios (18 hombres, 16 mujeres y 32 niños) llegaron al país, provenientes de Líbano, como parte de un programa de reasentamiento de refugiados liderado por el Gobierno de Chile con el apoyo del Acnur.
Ellos fueron acogidos por dos comunidades: Villa Alemana y Macul. Durante su estadía, tanto los adultos como los niños, recibieron clases intensivas de español y apoyo por parte de profesionales psicosociales de la Vicaría de Pastoral Social Caritas, la organización responsable del proceso de seguimiento y apoyo a su integración. Los niños asistieron a escuelas y jardines infantiles, mientras que los adultos recibieron ayuda para encontrar empleo, con el fin de acelerar su integración y asegurar la autonomía y autosuficiencia. Sin embargo, al poco tiempo, optaron por retornar a su país de origen.
En situaciones de catástrofe humanitaria en cualquier rincón del orbe, nuestro país tiene la misión de prestar una mano para superar la crisis. Chile ha sido depositario de la solidaridad internacional cada vez que somos asolados por las inclemencias de la naturaleza. La solidaridad debe reflejarse en hechos, como lo que sucederá ahora con las familias afganas que deberán llegar al país.

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