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Editorial

Delincuencia desatada


 Por La Tribuna

En menos de un mes, dos violentos incidentes a balazos han conmocionado a la comunidad angelina. En la noche del lunes 5 de julio, un joven de 21 años fue acribillado a tiros cuando iba a bordo de su vehículo en la villa Parque Norte, en el área homónima de la capital provincial. El pistolero que lo seguía en otro vehículo, esperó a que se detuviera, se aproximó por el costado y le disparó a bocajarro. Murió en el mismo lugar mientras que su compañera de 17 años sufrió graves lesiones. Él o los autores del crimen escaparon, sin que se tengan novedades sobre su captura.
Tres semanas más tarde, la escena se volvió a repetir, incluso con mayor violencia. Esta vez fueron los ocupantes de un vehículo que persiguieron y las emprendieron a tiros en contra de los ocupantes de un automóvil y una camioneta. Fueron varias cuadras de una balacera infernal que culminaron cuando uno de los vehículos atacados cruzó una luz roja en la esquina de la avenida Alemania con calle Balmaceda e impactó a un automóvil, cuya ocupante quedó con heridas de gravedad.
Se estima que cerca de una veintena de tiros se descerrajaron, dejando a una persona lesionada a bala. En la revisión de las evidencias, hubo mucha similitud con el incidente de principios de mes. Tampoco, hasta ahora, se conocen los responsables ni tampoco, en consecuencia, se ha sabido de detenciones. La única diferencia es que en el último incidente no hubo personas muertas.
Estos episodios de violencia se suman a la decena de casos similares ocurridos el año pasado en la comuna de Los Ángeles. Fueron varias las víctimas fatales de balaceras que, quizás debido al contexto sanitario por el Covid-19 que ha concentrado la atención pública, fueron materias que rápidamente quedaron en el olvido. Y, lo que es peor, sin que poco o nada de sepa de quiénes están detrás de estos incidentes.
Se trata, en definitiva, de un problema de seguridad pública de la mayor importancia y que, por la misma razón, se debe abordar con toda la seriedad y urgencia del caso.
La presencia de armas de alto poder de fuego (ya no se observan las escopetas hechizas ni pistolas a fogueo adaptadas) reviste la mayor gravedad. En muchas ocasiones, su presencia está directamente relacionada a otro flagelo: el narcotráfico, el mismo que se ha apropiado de varios barrios y vecindarios en las regiones del norte y en la Metropolitana, y que amenaza con extender sus tentáculos a otras urbes. Según cifras de organismos especializados, más de un millón de personas vive en territorios dominados por los narcos y la violencia.
Los delitos de alta connotación pública – como homicidios, intentos de homicidio, delitos contra la infancia, por mencionar algunos – se deben enfrentar con el máximo rigor que entregan las herramientas de la ley.
Un rol fundamental tienen las autoridades, tanto las elegidas por el voto ciudadano como las de las fuerzas de seguridad y orden público, que tienen la obligación de liderar los programas y acciones para frenar la escalada delictual. Sin embargo, un proceso de intervención de esta envergadura se debe realizar necesariamente con el apoyo y colaboración de la sociedad organizada que puede y debe ayudar de manera sustantiva a enfrentar este fenómeno.
Es urgente frenar esta escalada de delitos. Buscar, detener y condenar a sus responsables antes que se convierta en una marea imparable que permee a la sociedad completa.

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